viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-03-27 08:58

Alucinaciones alrededor de la muerte de Sergio Younes

La sospecha que ahora se trata de plantar, de que Sergio Younes y sus acompañantes murieron por acción de manos criminales que provocaron el accidente de tránsito, es un rebuscado cuento de ficción, con misteriosos intereses para el común de los observadores.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | marzo 27 de 2014

Al periodista Norbey Quevedo, de El Espectador, le vendieron la versión de que Sergio estuvo amenazado por la guerrillera de las FARC y que sus enemigos políticos le habían advertido que no llegaría a las elecciones.

Norbey, un periodista de muchos quilates, me dice que averiguó el asunto por dos semanas antes de publicar su informe, que deja entrever la intervención de terceros (guerrilla o políticos). 

Sergio, en tiempos de su campaña, no estuvo amenazado. Nunca se lo hizo saber a la policía Huila. Su director, el coronel Delbert Mayid Plata Álvarez, me dijo –con absoluta certeza- que el joven político no presentó ninguna queja o denuncia (ni verbal ni escrita) sobre riesgos especiales. La institución no conoció versiones al respecto.

Tampoco lo hizo ante la dirección de la Unidad Nacional de Protección, que conserva varios correos electrónicos de Younes, agradeciendo los buenos servicios de la entidad.

El Partido de la U y su presidente –Sergio Díaz-Granados- estudiaron en diciembre la seguridad de los políticos del Huila y nadie informó -ni se supo- sobre intimidaciones concretas contra Younes, ni siquiera el mismo candidato.

Si bien es cierto que la Unidad de Protección le retiró el carro blindado que usó como diputado (como pasa con todos los exfuncionarios), también lo es que le mantuvo la seguridad. El conductor muerto pertenecía a esa oficina del Estado.

Younes murió en un accidente de tránsito, por falta de pericia del chofer, por alta velocidad (de buena fuente conozco que tenía una cita con el expresidente Uribe), por descuido o por cualquier factor distinto a que supuestos homicidas hayan provocado la desgracia, establecieron las solventes investigaciones técnicas de la policía de carreteras.

Ana María Rincón (por coincidencia cuando escribía esta columna me llamó) insiste que su hijo recibió amenazas de muerte. Que el Estado le ha negado protección, que dos escoltas privados –que ella paga- la acompañan. Y que pretenden amedrentarla para que no se posesione, frente a posibles inhabilidades que no existen. 

Por lo que le entendí, una sobrina, que ha trabajado con el Procurador Ordóñez, es el cerebro que la guía –jurídica y políticamente- en sus nuevas actuaciones públicas, que incluyen (me imagino) la versión de que Sergio fue asesinado.