lunes, 13 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-04-10 07:45

Almas benditas ¡

Helber Mauricio Sandoval Cumbe

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 10 de 2016

Con ésta frase escuche desde muy joven encabezar la remembranza de personas o hechos significativos que tuvieron vida e intempestivamente desaparecían.

Así podríamos hoy recordar y tratar algunos episodios penosos de nuestra reciente historia, que a mi juicio y en buena hora, son ya cosa del pasado: El primero de ellos tiene que ver con el obrar de algunas autoridades que prevalidas del fanatismo religioso que les agobia, no dudan en imprimir a sus actos oficiales igual contenido, amenazando a quienes no comparten dicha tendencia, con hacerlos pasivos de acciones legales.

El segundo evento de ésta naturaleza sucedió hace unos días con una autoridad eclesiástica que molesta por haberse programado en días “santos” algunos partidos de futbol de nuestros equipos nacionales de futbol, reclamaron que no se hubiese consultado por parte de la FIFA sobre ésta posibilidad y se estuviese usurpando una época de recogimiento, como si ésta celebración fuera monopolio de la iglesia católica y la sociedad estuviese sometida a sus directrices.

Y la última y más curiosa reacción es la de algunos prelados que advirtieron el penoso futuro que espera a los Magistrados de la Corte Constitucional que aprobaron el matrimonio entre parejas del mismo sexo cuando deban “rendir cuentas a Dios”, lo que dudo mucho que tenga a éstos juristas –salvo Pretelt- haciendo novenas para que aquel presagio no se convierta en realidad.

No hay remedio, transitamos por una época de cambios vertiginosos en todas las esferas de nuestra vida social; los tiempos parecen más cortos y debemos adaptarnos a realidades antes inconcebibles so pena de quedar rezagados en medio de un mundo que cada vez se impone más sobre nuestras vidas.

Pero aún falta camino por transitar en aquella senda progresiva. Por ejemplo, resta suprimir aquellas odiosas frases confesionalistas del juramento que se hace a la hora de declarar en diligencias judiciales y administrativas, igual que omitir que ceremonias y actos oficiales estén precedidos de intervenciones religiosas, todo lo cual creo que nada bien le hace a lo católico, por ser nada más que manifestaciones nostálgicas de una primacía constitucionalmente proscrita.

Por lo pronto, celebro que cuando menos jurídicamente respetemos la diferencia. Espero que nuestra sociedad asuma con madurez éstos cambios y no se tomen como patentes para excesos de las minorías. Y como dirían mi abuela, Almas benditas de estos episodios místicos de discriminación e irracionalidad.