Aguerridas, este es nuestro momento
Cielo Ortiz Serrato
Siempre he pensado que hay frases absurdas que denotan ese gran machismo que lamentablemente ha sido inculcado de generación en generación.
Que a una joven le digan: “ya se puede casar” como halago por el almuerzo que acaba de preparar es, sin lugar a dudas, una ofensa de las peores, demostrando que el único requisito que debe cumplir una mujer para llegar al altar es el de saber cocinar.
Si bien la mujer hoy goza de algunos derechos que antes no tenía, la realidad es que la discriminación que limita el ejercicio de sus libertades sigue siendo la constante.
Me refiero a ese conjunto de estereotipos y prácticas sexistas que desvalorizan lo femenino y a las mujeres como grupo poblacional, practicas arraigadas en creencias absurdas, todas ligadas al cuerpo y la sexualidad, que para el caso de las mujeres se traduce en esos “deberes que ellas deben cumplir por naturaleza".
Y lo vemos diariamente en nuestro entorno. Es inaudito que la infidelidad en el hombre siga siendo un hecho normal, pero inadmisible en la mujer. Es completamente anormal que el hombre se encargue de las cosas del hogar, o que lleve los niños al colegio, pues en nuestra sociedad eso es “una función de la mujer”.
Se trata del pensamiento machista que sigue vigente en la mente de nuestra sociedad (hombres y mujeres) y que hoy es la causa que limita el crecimiento personal, social, emocional, profesional y laboral de la mujer.
Para nosotras no hay colágeno, para ellos sí. Un hombre puede tener una pareja más joven –lo vemos todos los días- pero si una mujer lo hace es mal visto. Los hombres pueden hacer negocios al calor de unos tragos, una mujer no, pues “no se ve nada bien”.
Como vemos el panorama es sombrío y los objetivos por conquistar muchos, sobre todo en la provincia donde parece que el machismo está enquistado como el más letal de los tumores malignos.
En nuestra región -para citar el más cercano de los ejemplos- sigue haciendo carrera y con mucho éxito la poco célebre frase del “sexo débil” para referirse a la mujer. Aún nos sorprende ver una mujer manejando un vehículo de servicio público y peor aún, hasta toleramos los más aleves comentarios e improperios, esos que los hombres erradamente llaman “piropos”.
Pero no pasa nada. En otras latitudes del mundo, donde la cultura de la igualdad llegó hace tiempos, la mujer se respeta de la misma manera que al hombre, se le da el mismo valor, sin discriminación alguna ni menosprecio como sucede hoy en Colombia, en especial en nuestra tierra.
Allá lo han conseguido con liderazgo, superando todos los temores y sobre todo esa patética y machista frase de “el qué dirán”, cimentada en la más aguda de las desigualdades para bloquear, limitar el libre desarrollo de la personalidad y transmitir infundados temores.
Por esto es que indigna que desde los establecimientos de educación básica, las universidades, el Gobierno, la iglesia y los medios de comunicación (estos últimos con una gran responsabilidad), se siga alimentando el machismo que no es otra cosa distinta a esa violencia de género que nos oprime y que no nos deja avanzar, la misma que debemos denunciar sin miedo, con la cabeza en alto y sin titubeos, si queremos algún día ser vistas como lo que somos, seres con las mismas capacidades intelectuales, sociales y físicas que los hombres.
El Huila y Colombia está llena de mujeres aguerridas que no se han amilanado con las balas de la violencia, ni con la torpe exclusión que impide tener las mismas posibilidades de los hombres, incluso cuando se tienen más capacidades.
Debemos romper esas barreras y luchar por la felicidad, consientes que podemos salir adelante sin la necesidad imperiosa de la figura masculina, seguras que tenemos todas las capacidades para sobresalir y ser exitosas.
En Neiva ocupamos la Secretaría de Hacienda, la General, la Dirección de Fenalco, la gerencia del Fondo Ganadero, la Gerencia de las Empresas Públicas y otros muchos cargos directivos que siempre eran ocupados por hombres. En la Fuerza Pública hemos logrado llegar al rango de General y en el sector privado hoy somos cabeza de grandes compañías.
Como vemos los logros son grandes pero aún nos falta mucho para ser una sociedad igualitaria. El machismo en Colombia es una realidad que asusta, es por eso que todos tenemos la responsabilidad de acabarlo y uno de los medios más efectivos es la educación en todos los ámbitos, como los familiares, religiosos y culturales.
Gabriel García Márquez dijo el 15 de octubre de 1992: “Lo único realmente nuevo que podría intentarse para salvar la humanidad en el siglo XXI es que las mujeres asuman el manejo del mundo. No creo que un sexo sea superior o inferior a otro. Creo que son distintos, con distancias bilógicas insalvables, pero la hegemonía masculina ha malbaratado una oportunidad de diez mil años”.
Comentarios como el que dejó plasmado nuestro Nobel de Literatura, nos debe fortalecer y dar aliento para entender que el machismo algún día nos va a avergonzar, tanto o más como hoy nos avergüenza que haya existido la infame e indigna esclavitud.
