martes, 14 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-11-10 09:00

Agua que no has de beber

Luis Miguel Flórez Saab

Escrito por: Redacción Diario del Huila | noviembre 10 de 2015

Aquellos días de abundancia parecen confinados a los recuerdos. A antiguas fotografías. Solía recorrer parte de la cuenca del río de Las Ceibas, hasta internarme en el hermoso Valle de Balsillas, en un trayecto donde el agua enriquecía una  vegetación exuberante. Este río, vital para Neiva, era alimentado luego de su nacimiento en el cerro de Santa Rosalía, por varias quebradas, y por las copiosas aguas de inviernos puntuales. Desde esas montañas boscosas, se descolgaba la vida en forma de raudales frescos y cristalinos. 

Hoy el panorama es desolador: la cuenca ha sido deforestada estúpida y sistemáticamente. La codicia de unos pocos que se aprovechan indebidamente de sus aguas, la ineptitud burocrática, y la indolencia ciudadana, han terminado por dañar a un ecosistema estratégico y están amenazando la integridad de miles de personas. Las Ceibas es ahora una frágil corriente, castigada por un verano que se pronostica aterrador.

No necesitamos ahondar en las noticias para entender que la situación de sequía en el país es un ultimátum: el actual fenómeno de El Niño es el más grave en los últimos 50 años; más grave que el del año 97 y el 91. Ya hay 656 municipios con planes de emergencia activados. Vienen tiempos de racionamiento.

Pero más allá de una condición meteorológica regional, confluyen factores a gran escala que extienden la gradual disminución del agua en todo el mundo. En Australia, enfrentan un drama más agudo por falta de agua, que el que vivieron hace 3 años con la llamada “sequía del milenio. En Brasil, Sao Paulo y su área metropolitana se están secando, y si no llegan las lluvias, en 5 meses no habría agua para sus más de 20 millones de habitantes. En California, la lluvia desde hace 4 años no supera un tercio de la media. La situación es desastrosa en muchas regiones de África, Centroamérica y en parte de la Europa mediterránea. Nadie duda que estamos viviendo una sequía global.

Según el Foro Económico Mundial, en 2030 la escasez de agua afectará al 40% del planeta. Muchos estudios científicos han empezado a utilizar el término peak water, análogo al peak oil, que determina el momento en el que la extracción mundial del petróleo alcanza su punto álgido y desde ahí empieza a disminuir. El peak water  ya ha tenido lugar. El número de personas en el planeta aumenta, y las reservas de agua potable se están reduciendo a toda velocidad. Cada año toca menos agua por habitante. Hablamos no sólo de un recurso natural, sino de un derecho fundamental.

Suena esto apocalíptico? Quizás. Urge una toma de conciencia que nos lleve a  cambios definitivos: educar para modelos de consumo y estilos de vida racionales, promover nuevas tecnologías de conservación y almacenamiento del agua, reutilizar las aguas residuales, mejorar el riego y las prácticas agrícolas, mejorar la captación de agua y la infraestructura de distribución, y ante todo, mitigar el cambio climático, que junto a la escasez de agua, es uno de los mayores desafíos de la especie humana.

Si no hacemos nada, vendrá la sed. Y aquellos caracolís, ceibas, iguás, samanes, sauces o totumos, que guardaban nuestros ríos, sólo quedarán en fotografías y  afligidos recuerdos.