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Opinión/ Creado el: 2015-08-26 06:16

Admire el bien

Por Froilán Casas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 26 de 2015

El mal moral se ha vuelto tan recurrente que la cultura moderna lo va aceptando en su código de conducta. La moral social se ha tornado tan relativa y permisiva que incluso se llega a llamar a la otrora conducta inmoral como una conducta humana normal. El libro Santo nos habla de llamar lo dulce amargo y viceversa. En otra parte se afirma que si la sal se torna insípida, ¿con que se devolverá el sabor? El descaro del mundo de hoy llega al cinismo de llamar al honesto bobo, pues no aprovechó el cuarto de hora, Muchas películas de hoy hacen apología al adulterio, al aborto, al hacer dinero fácil, a llegar al poder político o económico a cualquier precio. Los modelos de felicidad están marcados por la fama y el triunfo a toda costa, así haya que pisotear al más cercano. Las reglas de juego son ganar y triunfar. Los valores de la verdad, la justicia, la honestidad, la fidelidad, el servicio, etc., son herencias de una cultura ya superada. El código de conducta es ganar y tener. Se llega al colmo de afirmar: Dios en el cielo y planta en la tierra. Por el vil dinero se llega hasta los más crueles atropellos al indefenso. La esperanza para los honestos y justos es que Dios lo ve todo y que algún día llegará la cuenta de cobro. Son bienaventurados los que lloran al sentirse impotentes frente a los poderosos e inmisericordes que masacran y pisotean al débil e indefenso, jactándose de sus efímeros triunfos. Sí, algún día serán consolados. Dios es un juez insobornable. Su juicio está marcado por la misericordia, pero también por la justicia.

Se admira al que “aprovechó” el cargo, pues el vivo vive del bobo. A Dios se le ve como una alcahueta de mis caprichos personales. Se acostumbra el hombre a verlo todo normal: los animales son más importantes que los humanos. Hay que ver la cantidad de dinero que se invierte en las mascotas; mientras muchos viven en casas de cartón y muchos viven en condiciones infrahumanas. Hay todo el dinero para guarderías de perros y gatos; y los niños deambulan famélicos y sin hogares. Es la trasmutación de los valores. Definitivamente esta es una sociedad enferma. Ya no se inmuta por el mal. La guerra se ha vuelto espectáculo. Las organizaciones de derechos humanos que están muy bien financiadas, con frecuencia son sesgadas. Para unos hechos violentos se rasgan las vestiduras, para otros, ni los mencionan. El fanatismo religioso mata a centenares de cristianos en África, el Cercano Oriente por el “terrible delito” de creer en Jesucristo y nadie dice nada. Pareciera que es normal que ocurran estos hechos. Nos hemos familiarizado tanto con el mal que cuando un noticiero no presenta noticias cruentas no ese sintonizado. El escalafón de audiencia es el amarillismo. Muchísima gente disfruta con el dolor ajeno. Se alimenta tanto la crueldad humana que las escenas del coliseo romano en época de bárbaras naciones, se quedan por los tobillos frente a las atrocidades de hoy. Nos horrorizamos de las maldades del pasado y no nos inmutamos por los crímenes del presente. Se matan a millares de niños en el vientre materno y a eso hoy se llama derecho.

+ Froilán, obispo de Neiva