Adiós al futuro
Un país que tolera el asesinato de sus niños, está avalando la destrucción del futuro de la Nación.
La masacre ocurrida ayer en Caquetá, donde fallecieron cinco niños, es la muestra de que este país se ha acostumbrado tanto a la muerte que ya es posible lo que hace muchos años era solo posible en la imaginación: asesinar a un niño.
Pues bien, no mataron a uno sino a cinco pequeños de 17, 14, 12, 10 y 4 años de edad. A la fecha no se sabe quiénes fueron los responsables, no hay indicios, y seguramente por las condiciones rurales sea más complicado encontrar los homicidas, solo esperamos que el aparato judicial sea ágil y muy pronto se castiguen los desalmados asesinos.
El macabro hecho se registró la noche del miércoles en la vereda el Cóndor ubicada en la vía que de Florencia conduce a Suaza (Huila), donde vive la familia.
Lo que se sabe preliminarmente es que los padres de los menores (todos de una familia), habían salido muy temprano ayer hasta una institución educativa de Florencia, en la búsqueda de un cupo para sus hijos. Cuando regresaron se encontraron con la triste noticia.
Desde ayer todo el país tenía los ojos puestos en Caquetá. Nadie podía creer que esto pudiera suceder y pareciera increíble, pero esta es la manifestación más dañina y cruel de la intolerancia.
Hoy evocamos al humorista Jaime Garzón, quien hace más de 14 años nos recordó la traducción al Wayúu del Artículo 11 de nuestra Constitución Política “nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona, aunque piense y diga diferente”, una hermosa frase que nunca debemos olvidar.
Todos los colombianos hace más de 20 años decidimos elegir una Constituyente inspirada en el Estado Social de Derecho, lo que significa que lo esencial en nuestro país es el ciudadano, es lo social. Pero por lo visto hemos defraudado los ideales de quienes concibieron un nuevo Estado. Quebrantamos la Constitución y con ella todos los días estamos violando el sagrado derecho de la vida.
Lo que ayer ocurrió en Caquetá es para no olvidar, y debe ser el motivo para reprochar, investigar y castigar todas las conductas punibles contra los menores.
