Adiós al Facebook
Por Diógenes Díaz Carabalí
No he vuelto por Facebook y el mundo me parece más tranquilo, más amable. Molesta conocer intimidades particulares, ideas ambiguas, fotos de celebraciones privadas y hasta imágenes fuera de tono, maliciosas, de protuberancia estrambótica que en lugar de alabar gustos dejan a los, y las, dueños en ridículo.
Pocos son los casos, y pocas las oportunidades, en que se plantea algo serio. Las más de las veces son frases de cajón, referencias a lugares comunes, descripciones de acontecimientos que hemos visto y leído con el susodicho comentario destemplado del sesgo, para tergiversar la verdad, para hacer que veamos las cosas desde la óptica del dueño del muro.
Y no falta quien suba y comparta un pene y una vagina, órganos evidentes y necesarios, pero no tan tolerables a la vista. Y si muestran uno introduciendo al otro, es la más vulgar de las expresiones, la anulación de lo lívido. La pornografía así es asquerosa, en esas condiciones ese tipo de amigo de inmediato es dado de baja.
No falta quien te insulte por una idea que has planteado, quien te replique con grosería sin comprender lo que dices, quien te desafíe sin conocerte. Un “amigo” te puede invitar a indicar que “te gusta” precisamente lo que odias. Una extraña irrumpe para ponerte en línea con su negocio de prostitución. Vienen esas frases melosas, las que dicen quienes conocen las debilidades generales, pero no las particulares, y te fastidian. Y si respondes, las tendrás todos los días con frases insustanciales, con acarameladas expresiones, para inducirte a pagar un derecho con tu desusada tarjeta de crédito.
De dos mil amigos bajé a mil. He eliminado a los insubstanciales; a los vacíos, a quienes se creen modelos de farándula; a los intrusos; a los que todo lo contradicen; a los que invitan a jugar; a quienes comparten pensamientos de positivismo; a los de fotos insinuantes; a los que invitan a decir “amen”; a los de ideas utópicas. Me he quedado con cien. Ahora busco eliminar políticos, hinchas de deportes, seguidores de artistas. Me quedarían veinte. De allí eliminaré a quienes comparten más de dos temas en el día; me quedarían diez, precisamente los allegados y los miembros de la familia, a quienes puedo saludar por otros medios, los puedo visitar en sus casas y pueden venir a la mía.
Por lo tanto, por fortuna, no necesito Facebook, no necesito redes sociales. Puedo irme a otro lado, a un estilo de vida donde pueda pensar con libertad, donde no me muestren intimidades ni me cobijen con malicias; puedo llevar mi maravillosa existencia en la particularidad de quien no le interesa que se conozcan mis respiros, ni mis pedos, ni la forma en que como, ni la manera en que me siento a pasar el tiempo, ni cómo hago mis necesidades en el WC. ¿Eso a quien le importa? Las noticias son noticias y las producen los héroes. Mis actos son cotidianos, mi fe es particular, mis órganos son de mi anatomía, no me importa lo que piensen de lo que pienso si puedo convivir en mi medio. Por lo tanto, ¡Adiós a mi Muro!
