Acudiendo al sagrado corazón (II)
No sin serias dificultades logró Santa Margarita que las revelaciones del Sagrado Corazón fueran reconocidas auténticas, pero su piedad, su obediencia humilde y signos de curación milagrosa en ella misma, abrieron paso a la fe en esas revelaciones y al culto ya de siglos, con celebraciones desde 1685.
Vino a abrir paso a estas celebraciones y a la devoción de hacer los primeros viernes la Encíclica del gran Pío XII, “Haurietis Aquas” (15-05-56), devoción del mismo Papa, cuya curación a salud estable, en sus seis últimos años, agradeció, con público reconocimiento como gracia de EL.
Especial deuda tiene Colombia con el Corazón de Jesús, a quien se hizo voto de levantarle una Basílica en Bogotá, como súplica para que finalizara la atroz “guerra de los mil días” (17-07-1899 a 01-06-1903), con la consecución del don de la paz por muchos años, iniciada en honorables tratados con dejación armas de una guerra adelantada con respeto a normas bélicas universales, y sin aleves ataques terroristas a la población civil. Algo distinto a cuanto han venido practicando, posteriormente, después de sesenta (60) años, los grupos terroristas de tanta peligrosidad, que en las últimas décadas han azotado a Colombia.
En el momento actual, en este mes del Sagrado Corazón, cuando ha culminado una etapa electoral en donde se han puesto en contraposición dos estilos de camino hacia la paz, con desmedidas concesiones a los alzados en armas de una parte, y reclamos de pasos más prudentes y exigencia de más claras condiciones, de otra, es el momento de reconocer el patriotismo de los colombianos que cumplieron con su deber de votar por lo mejor que creyeron para la Patria. Hemos de invocar, con fe profunda, al Corazón de Jesús que haga sentir de nuevo su protección, haciendo que quienes fueron encargados de proseguir guiando al País lo hagan con gran responsabilidad, firmeza y rectitud y haya oposición responsable y seria para advertir y detener cualquier paso en falso. Que nos dé años de paz bajo ideales iluminados en la tradición democrática y religiosa de nuestras sacrificadas gentes, y no bajo ideales que dan la espalda a Dios. Que sigamos honrando al Sagrado Corazón, acudamos a sus luces y a su protección.
