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Opinión/ Creado el: 2015-05-27 08:15

Absorvente centralismo

Por Froilán Casas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 27 de 2015

 

 

Desde los albores de la independencia, nuestra patria se ha debatido, a nivel político, entre federalismo y centralismo. En la corta vida de la República, Don Antonio Nariño y Álvarez representaba al centralismo y, Don Camilo Torres enarbolaba al federalismo. Aquél con sede en Santafé de Bogotá y éste con sede en la bella población boyacense de Villa de Leyva. Lamentablemente hubo sangre derramada a consecuencia de esas diferencias. Al analizar el contenido de las Constituciones desde la primera, del Estado Soberano del Socorro en 1811, hasta la última de 1991 (que nos rige) han regido a nuestro país, dieciséis constituciones. En general, con excepciones, el partido conservador ha defendido el centralismo y el partido liberal, el federalismo; cada uno con sus matices.

Una de las características de la última Constitución es su extensión, 380 artículos; una de las más largas del mundo. Se quiso legislar sobre todo y al final fue una colcha de retazos, producto de un pluralismo sin ideología definida. Aquí se legisló hasta qué tenía que comer el gato. En el contenido del texto aparece Colombia como un Estado Social de Derecho. De “Social” tiene más de nombre que de contenido. De una constitución que defendía más los derechos sociales, pasamos a una constitución que tutela casi en absoluto, los derechos individuales. La palabra “derecho” absolutiza al ciudadano en particular; los deberes sociales quedan diluidos. Este es un país visceral, vive respondiendo a coyunturas sociales y partidistas. Tantos vacíos tiene la constitución vigente que a cada momento se está hablando de reformas e incluso de convocar a una nueva Constituyente. Se habla que pasamos de una democracia representativa a una democracia participativa. La verdad es que el gran público desconoce y no quiere conocer sus derechos y sus deberes. La gran masa no lee y no quiere leer. Se le propone al constituyente primario que opte y se deja manipular por “slogans” y lemas viscerales,  manejados con intereses de grupos. Que el pueblo es soberano, es una frase de cajón. El pueblo no quiere tomar conciencia de su identidad cultural. Sólo la educación nos sacará de este flagelo.

Seguimos con un Estado tremendamente centralista. Nuestro sistema es eminentemente presidencialista. Nuestros gobernantes regionales tienen que ir a Bogotá a mendigar lo que les corresponde por derecho a los departamentos y a los municipios. La enorme burocracia en la aprobación de los proyectos, hace engorroso la toma de decisiones. ¿Para qué tanto trámite?; ¿esto no genera más corrupción? Tantos controles y la corrupción sigue galopante en algunos ambientes institucionales. La exageración de controles genera muchos “peajes” pecuniarios. El exceso de controles  fomenta la venalidad de los funcionarios. Hacer expedita la administración exige desburocratizar muchos procedimientos. Pareciera mejor que la Contraloría estuviese en manos de una entidad privada seria y competente y que se ganara el servicio a través de unas claras reglas de juego. Competir con calidad debería ser el lema de la gobernabilidad.

+ Froilán, obispo de Neiva.