A votar
La de hoy es una jornada electoral sin antecedentes en la historia reciente de Colombia.
Estamos frente a una campaña muy reñida, donde seguramente el ganador no obtendrá una mayoría contundente, es decir que gobernará con la sombra de un país dividido y con una oposición fuerte que ciertamente le pondrá muchos obstáculos en el camino.
Es innegable (lo dicen las encuestas) que la mitad de los colombianos están con uno y la otra mitad con el otro. Depende en gran medida de los abstencionistas de la primera vuelta lo que pueda pasar hoy, un resultado que seguramente dará mucho de qué hablar y que generará suspicacias en el perdedor y sus seguidores.
Esta es la razón por la cual debemos salir a votar. Qué bueno sería que quien gane lo consiga por un margen considerable, holgado, un triunfo indiscutible que no permita malas interpretaciones ni dudas, una votación que no deje incertidumbre sino la certeza de un mandato legítimo.
Esta es la razón que nos debe mover a todos a salir a votar, a participar en esta jornada democrática que además es histórica, pues queda en las manos del electo gobernante la suerte de un proceso de paz que viene adelantándose desde hace un año, como también el desarrollo económico de un país que hoy se proyecta como una potencia económica en la región.
Estas son las principales razones que nos motivan a invitar a todos a sufragar, no importa por quién, incluso por el voto en blanco, que aunque no tiene efectos directos, sí puede ser una demostración política de descontento.
Colombia es un país con una democracia sólida, tal vez uno de los más estables del continente y por lo mismo requiere que el candidato que gane, llámese Óscar Iván Zuluaga o Juan Manuel Santos lo consiga con la transparencia del caso.
La Registraduría ya demostró ser un órgano eficiente y hoy lo debe ratificar con un proceso cristalino y rápido que nos entregue unos resultados que no admitan discusión.
