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Opinión/ Creado el: 2015-02-13 06:54

A escribir la historia

Por Carolina Salazar Rincón

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 13 de 2015

Desde cuando el ex Alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa hace unos 15 años comenzó a hablar de temas de ciudad, tanto mandatarios locales como ciudadanos comenzaron a entender el valor de los espacios urbanos y palabras como andenes, parques, plazas o alamedas se volvieron protagonistas de las campañas políticas y de los planes de desarrollo del país. En ese momento las ciudades más grandes estaban viviendo una crisis de movilidad y espacio público, y las intermedias como la nuestra ya comenzaban a detectar los primeros síntomas.

A medida que la población aumenta o se concentra, las ciudades crecen, el valor de la tierra se incrementa, el tamaño de la vivienda disminuye, y quienes antes disfrutaban de un jardín o un solar, o de los juegos en la calle y de tertulias o “corrillos” en el andén con los amigos, ahora ya no encuentran un lugar donde relacionarse.  

El concepto de espacio público no es reciente. El Ágora en Grecia es quizás su referente occidental más antiguo (de más de 2600 años). Consistía en un espacio abierto donde los antiguos griegos se reunían. Era el centro de su vida política, social, comercial y cultural y estaba rodeado de los edificios más importantes.

Si, por fortuna el espacio público se puso de “moda” y las obras de las ciudades están dirigidas a construir más andenes, diseñar más parques o peatonalizar los centros urbanos. Eso está muy bien. Es lo que debe hacer un gobierno local. Pero ahora hay que dar el siguiente paso e ir más allá.

Hay que ir más allá porque los mandatarios locales deben abordar los temas de ciudad desde lo técnico y asesorarse de expertos profesionales con experiencia y criterio. No deben caer en la tentación de copiar proyectos de otras culturas, momentos y realidades. Hay que ir más allá porque el valor del espacio público también lo define el respeto por el patrimonio natural del territorio, de sus ríos y quebradas, de sus orillas y de su biodiversidad. Los espacios naturales de vegetación nativa son irrecuperables y por tanto su valor es inconmensurable. Hay que ir más allá para diseñar proyectos sensibles y diversos, espacios por donde los niños circulen para ir al colegio y que en las tardes se conviertan en zona de juegos, tablero de ajedrez o pista de atletismo.

Y como la historia de una ciudad es la historia de su espacio público, hay que apoyar los proyectos que protejan nuestra patrimonio cultural y natural o unirnos para evitar propuestas que los pongan en riesgo.  Ya es hora de hacernos responsables!