miércoles, 15 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-10-18 02:07

A derrotar el caciquismo

Jhon Jairo Trujillo

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 18 de 2015

Los conquistadores europeos necesitaban de un término genérico, que abarcara las distintas expresiones de liderazgo en las tribus de América y las islas del Caribe. El término “cacique”, procedente del lenguaje arahuaco, fue la forma como se denominaron a las autoridades nativas. Sin embargo, es en la misma España a finales del siglo XIX, en los tiempos de la Restauración borbónica, donde se encuentra el significado actual del término. El sistema caciquil basado en la relación entre el líder y el pueblo, en donde el voto era comercializado en función de los intereses del cacique.

El caciquismo es un subsistema de relaciones clientelares, donde un grupo político restringido, controla el poder local o regional en función de sus intereses exclusivos. Convirtiendo las elecciones ciudadanas en un festín de promesas y favores, para conservar y fortalecer su poder pusilánime y mezquino.  

Las campañas políticas, por tal razón, se han convertido en circos mediáticos, donde héroes de papel maquillados por la plutocracia clientelista, se muestran como los redentores inequívocos de la región para superar la desigualdad y el atraso. Anquilosados por el ímpetu de su avaricia, se niegan a realizar campañas transparentes y honestas, sus estrategias infalibles de victoria electoral les ha enseñado que el dinero, los discursos vacíos pero desafiantes, y la predicable perfección de su imagen; son suficientes para conservar sus privilegios.

Los timoratos sinvergüenzas han comprendido con lujo de detalles, que la lucha electoral, para conservar sus cómodas poltronas de la ignominia,  se ejerce en tres pasos fundamentales, i) mostrar sus errores políticos y decisiones desafortunadas como situaciones fuera de su alcance, es decir ellos nunca se equivocan, siempre son otros los culpables  ii) lamentarse profundamente por los problemas de la región y lanzar todas las propuestas que se le ocurran, eso sí con una amplia trascendencia mediática, y reservando esos gemidos farsantes sólo para época de elecciones y iii) destrozar a sus adversarios políticos con acusaciones en su mayoría falsas, para enaltecer su figura decadente y vacía, que no tiene sustento por sí misma. La forma como un cacique ataca infundadamente a sus enemigos, es el reflejo del miedo, fragilidad y falsedad de su proyecto político.

Ahora más que nunca necesitamos de liderazgos auténticos, con discursos estructurados, prospectivos e inteligentes; dispuestos a construir movimientos ciudadanos serios e incluyentes. La principal amenaza del caciquismo es la construcción democrática de propuestas políticas de vocación de largo plazo, donde los líderes respondan a visiones razonables de región y de país. El caciquismo le teme a la consolidación de fuerzas alternativas, por su inquebrantable trayectoria al éxito.

El 25 de octubre debemos derrotar el caciquismo, porque al hacerlo, también estaremos sancionando la corrupción, el clientelismo y la miopía de la inmediatez.