Aún se tiene tiempo
Por Ernesto Cabrera Tejada
Se subsiste en el tormento de la vida cotidiana, problemas, trabajos precarios, dificultades, mendicidad, exigencias y presiones. En este escenario es difícil ordenar, cumplir, sonreír y más preocuparse por cosas tan estúpidas como volarse un semáforo en rojo a pleno medio día, 38 grados, estómago vacío y pereza de volver, cuando se tiene porque volver. Aún se tiene tiempo de pensar y no seguir el equívoco.
Tan cansados vemos los cerebros de muchos que andan a última hora agradeciendo hasta al vendedor de bananas y limones de cualquier esquina mercado callejero sin tener que abandonar la movilidad vehicular, al final todos tienen derecho a vivir y mientras no se metan con lo poco que les queda de esa mal enfocada libertad, pues no les importa lo demás, ni los demás, que además, pretenden acomodarse a cierto tipo de seudo sociedad que reprime, quieren estar primero, ser reconocidos y tratan de imponer su voluntad por que sí.
Resulta ahora esta sociedad votante; porque se les necesita a todos, indigentes, pobres, clase media, media acomodada, ricos, autócratas y algún precario millonario algún despistado de esas seudo sociedades que se inventan cualquier artificio para querer montar a los demás. Se votan por el interés de votar y se apuesta al cambio no tanto de los demás sino al propio. Se pone de moda el CVY (cómo voy yo), se acuestan bandeando las mentiras de izquierda a derecha y amanecen negando hasta su progenitora.
Tantas cosas en épocas electorales. Se quiere todo a la ligera, se tira todo al bote con cobardía, se agallan por aliar y negociar una utopía y sueñan y se masturban sin importar las limitaciones que como humanos se tienen, se relegan tradiciones y convicciones históricas porque la misma historia también mintió.
Los posibles resultados que no siempre son la concreción del deseo colectivo, al menos permite aprender de errores para modificar en la próxima ocasión que es ya, cambiar lo que está mal y conservar lo que está bien.
Todas las necesidades en el tope de las propagandas, pero ninguna aclara suficientemente el modo y la manera en que se concretarán. La sociedad se lastima sin profundidad programática, sin transformar en la necesidad de un cambio de beneficio colectivo. Aún se tiene tiempo.
