2015: terrorismo, carestía, pobreza y acuerdos de paz
José Eliseo Baicué Peña
En días pasados, el secretario general de la ONU, Ban Ki-Món, dijo que el año 2015, para esa organización, estuvo marcado por el "éxito" de los grandes acuerdos internacionales sobre clima o desarrollo y el "horror" del terrorismo yihadista, y de conflictos como los de Siria, Yemen o Sudán del Sur.
Podría pensarse que ese es un buen resumen o balance de este año que acaba de culminar. Un año en el que el mundo se volvió más insensible, más déspota, más inhumano, más indiferente. Un año en el que la tecnología logró grandes avances, y con ella creció una generación de jóvenes que no le interesa el cambio climático, la carestía de la vida, ni mucho menos la pérdida de la fe en un creador de este sistema de cosas.
Colombia, según estadísticas de la ONU, presenta un balance positivo en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) fijados para este año. Un informe de la organización indica que Colombia logró cumplir con las metas de reducción de la pobreza recogidas en los ODM, aunque todavía quedan desafíos en materia de mortalidad infantil y materna. Vale reseñar aquí que el último informe de la UNICEF, determinó que actualmente en el mundo existen 146 millones de niños menores de cinco años con problemas graves de desnutrición infantil. De acuerdo con el documento, 28% de estos niños son de África, 17% de Medio Oriente, 15% de Asia, 7% de Latinoamérica y el Caribe, 5% de Europa Central, y 27% de otros países en desarrollo. El gran beneficiado es Cuba que se constituye en el único país de América Latina y el Caribe que ha eliminado la desnutrición infantil.
El documento señala que unos 6,7 millones de colombianos han superado su condición de pobreza en los últimos 11 años, y 3,5 millones consiguieron salir de la pobreza extrema. Sin embargo, la corporación dice que todavía existen grandes diferencias entre las zonas urbanas y rurales, al igual que existen entre algunos departamentos como La Guajira, Chocó y Cauca, donde la pobreza alcanza a más del 50 % de esa población.
En el apartado de mortalidad infantil, Colombia ha reducido este índice en los últimos años, pero aún mueren anualmente 7.600 niños menores de un año de edad, con especial vulnerabilidad para aquellos que son concebidos en las zonas rurales. Y de otra parte, las estadísticas hablan de que mueren casi 400 mujeres al año por causas asociadas al embarazo y al parto, de las cuales un 18 % fueron jóvenes fallecidas entre 10 y 19 años de edad. Además, casi un cuarto del total de las muertes tuvieron lugar en comunidades afrocolombianas y pueblos indígenas, razón por la cual la ONU ha recomendado al gobierno colombiano concentrar esfuerzos en los territorios del Pacífico, Caribe, Amazonía y Orinoquia.
Son muchas las acciones que quedan para hacer, al igual que varios retos por asumir. Y en esta incertidumbre, se hace cada vez más difícil llegar a quienes todavía viven en la pobreza extrema, dado que con frecuencia se encuentran en contextos frágiles y zonas remotas. El acceso a buena educación, atención de salud, electricidad, agua segura y otros servicios fundamentales sigue estando fuera del alcance de muchas personas, a menudo por razones socioeconómicas, geográficas, étnicas y de género. Es más, el progreso frecuentemente es temporal para quienes han logrado salir de la pobreza: las crisis económicas, la inseguridad alimentaria y el cambio climático amenazan con quitarles aquello que han conseguido con tanto esfuerzo y corren el riesgo de caer nuevamente en la pobreza. Claro que Colombia tiene la gran esperanza en los acuerdos de paz. Aunque … personalmente no es la panacea.
