domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-07-30 10:22

“El nuevo becerro de oro”

P. Toño Parra Segura

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 30 de 2016

LA COLUMNA DE TOÑO

Tenemos mala memoria no solo para repetir los errores políticos del país, sino también en materia religiosa. Los textos de este Domingo 18 del año litúrgico nos recuerdan la historia del pueblo de Israel en la ausencia larga de Moisés cuando hablaba con el Señor. Al bajar de la montaña en llamas, encontró al pueblo que había abandonado el camino de la alianza para inventarse un dios pequeño en forma de becerro de oro y con la aceptación de Aarón danzaban y bebían identificando ese objeto con la divinidad. Moisés estalló en ira, quebró las tablas y les hizo tomar el oro derretido para que expiaran su pecado de idolatría con Yahvé, Dios.

Hoy el tema de la riqueza, que es también vanidad según el Eclesiastés y que nos hace olvidar “los bienes de arriba” como lo afirma Pablo a los Colosenses, lo presenta Jesús en la parábola del hombre rico que cifraba su suerte y su felicidad únicamente  en aumentar sus graneros que le darían la oportunidad por muchos años para descansar, comer, beber y ser feliz, olvidándose que podría morir  esa misma noche.

Jesús el Maestro explica todos los temas y se vale aún de las impertinencias de las preguntas de la gente, como en el caso del reparto de la herencia entre los dos hermanos. No era la misión de Cristo el servir de juez en los pequeños pleitos familiares,  sino el plantear el camino de la salvación y los riesgos de la riqueza.

El habló de manera significativa del dinero. “De 38 parábolas pronunciadas por Jesús, 16 se refieren a la forma de manejar el dinero. Habló más sobre el dinero que sobre el cielo y el infierno juntos. Uno de cada diez versículos de los evangelios (288 en total) tratan del dinero. La Biblia ofrece 500 versículos sobre la oración, menos de 500 sobre la fe y más de 2000 sobre el dinero en general” (Howard L Dayton. “Su dinero”). El mundo de hoy está contaminado del mismo oro de fundición antigua.

Jesús  no condena ni el dinero ni a los ricos, condena la idolatría de quien como en el caso del Evangelio pone su confianza y felicidad únicamente en la riqueza; no necesita del Dios grande, no le reconoce que todo viene de él, sino que al estilo del Epicuro posterior solamente dice: “comamos y bebamos que mañana moriremos”.

“Atesorar para sí “no es solamente la sórdida avaricia, sino el olvidar que fuera del dinero está la vida que solamente viene de Dios y es el único que la puede quitar. Ser rico para Dios, no es un lavado del dinero con obras espirituales, sino poner a Dios como fin de todo. Así el dinero es un medio que se puede disfrutar  sin perder su valor transitorio.

Lo que Jesús condena como riesgo es la idolatría de lo poco o mucho que se tenga con ambición desmedida y que normalmente nos aleja del verdadero Dios.

Hay unas conclusiones sencillas: Dios es el dueño de todo y de todos. Lo que soy y lo que tengo no me pertenece. Somos simples administradores de todo y no dueños.

Tenemos que administrar bien todo porque tenemos que dar cuenta a Dios de nuestra  mayordomía. No vamos a ser sepultados como  los faraones, con sus cofres y alhajas. Nacemos sin nada y nos llevamos poco, la ropa vieja, porque los herederos ya tienen su mirada puesta en lo que vamos a dejar.