viernes, 17 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-09-21 10:39

“Dáme señor un corazón limpio y un espíritu nuevo”

Dios tiene un proyecto sobre cada hijo suyo, ya desde antes de nacer. Él quiere hacer de nosotros algo bello, a condición de que no le opongamos resistencia y queramos colaborar con Él.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | septiembre 21 de 2014

Colaborar con Dios, es nuestra vocación y nuestra grandeza.

El mensaje de este Domingo 25 del Tiempo Ordinario nos demuestra la misericordia infinita de Dios que sobrepasa los planes, muchas veces confusos, de los hombres. San Pablo es muy consciente de esta realidad cuando afirma hoy en la Carta a los Filipenses: “Para mí, el vivir es servir a Cristo y morir una ganancia”. Esto lo escribe desde la prisión  en Éfeso hacia el año 56. Mártir o apóstol, lo que Él quiere es que Cristo sea glorificado, porque para él la vida, de aquí o de allá, es siempre Cristo.

Cada uno es hijo de su tiempo y ese es el peligro de dejarnos contagiar de todo lo que pasa a nuestro lado, perdiendo la propia identidad.

La avaricia envenena hasta los afectos de la familia, porque en muchas ocasiones solamente se acude a ella cuando hay algo que heredar.

Siempre que el enfermo no tiene remedio, están aquellos que solamente se acordaron de él para criticarlo o envidiarlo y recoger todos los trastes con una desfachatez que repugna.

Tenemos la necesidad de buscar al Señor como dice Isaías, llamarlo, ya que está más cerca de lo que nosotros pensamos y entender mejor su proyecto de salvación.

El verdadero sentido de la palabra “Misericordia” es propio del amor de Dios que perdona todo y siempre, sin tener en cuenta los mecanismos de disculpa que utilizan los hombres. La palabra latina nos indica cómo el corazón del hombre debe ser siempre sitio de amor, y de comprensión para todos los humanos, normalmente nos inspiran piedad y comprensión solo los amigos y allegados.

Dios nos busca siempre en las diversas etapas de nuestra vida, sin hacer distinción de tiempo ni de lugar, como lo manifiesta en el pasaje hermoso de este Domingo. Para Jesús cuenta más la acogida y el amor que todas las otras cosas.

Debe quedar claro que la vida del Señor, hoy y siempre, es la iglesia en donde cabemos todos sin privilegios y arrogancias, sin alarde de suficiencia, que es lo que más aleja el pastor de su rebaño.

Para Dios y para su Hijo Jesucristo, la única hora es la del amor, que siempre está dispuesto a darnos en todas las circunstancias de la vida.

Jesús no quiere desocupados en su Iglesia, los quiere trabajando en todo momento, hombres y mujeres de todas las edades. Es triste ver en nuestra Iglesia la ausencia de hombres en el apostolado, cuando Jesús tenía siempre a su disposición a los varones que le seguían con entusiasmo.

La Iglesia, hoy más que nunca necesita apóstoles, hombres y mujeres que vivan su religión, no solo recibiendo sacramentos, sino en la calle, en su oficina, en el taller dando verdadero ejemplo de servicio.

El actual Papa, Francisco, con su lema “en la calle” ha roto los esquemas tradicionales para hacer conocer a Jesucristo en todas partes.

Sintámonos llamados desde el bautismo a trabajar en nuestra Iglesia, sin críticas y egoísmos para llegar a todos los hombres.

Aspiremos como San Pablo a “Una vida digna del Evangelio de Cristo”.