¡Una semana de infarto¡
Jaime Salazar Díaz
Primero el triunfo del NO. Luego el Nobel para Santos. Los golpes han sido sorprendentes . De estos hechos no pueden derivarse malas cosas para Colombia. La primera reacción nacional al primer evento fue positiva… a pesar del desconcierto de algunos radicales del SI. Al aparecer el Presidente, rodeado de ministros y asesores, cuando las cifras alcanzaron en pocas horas - loor a la Registraduría- casi el ciento por ciento de la votación y la decisión electoral era indudable, y manifestar con firmeza un talante absolutamente democrático que reconocía el triunfo del NO y que como Presidente de todos los colombianos iniciaría un diálogo con todos, los unos y los otros, el panorama de incertidumbre se despejó. Las FARC confirmaron su voluntad ya expresa de hacer política sin armas. Pero siendo optimistas estamos todavía frente a una tarea compleja por delante: perfeccionar un buen acuerdo y consolidar la paz que queremos todos los colombianos. No me asustó la altísima abstención ni las equivocadas declaraciones de Vélez, gerente de la campaña del NO. La idiosincrasia colombiana desde tiempos inmemoriales induce al silencio cazurro o morrongo de los electores poco ilustrados cuando la controversia es fuerte o difícil y del estrado de dirigentes acalorados solo brotan crudos “vainazos” en lugar de convencer con argumentos serios. Lo de los trucos engañosos en las campañas es tan viejo como las campañas mismas y digamos que el que “esté libre de culpa que tire la primera piedra”. Comenzando con el nuevo Nobel que trató de echarnos el cuento a los que pensamos que hay que mejorar el acuerdo, con el engaño de que éramos enemigos de la paz. Hoy, para fortuna de la patria, estamos unidos en torno a la necesidad de llegar a un buen acuerdo. Pongámonos a trabajar en el “cómo” y aceptemos que imponer al contrario el ciento por ciento de la dosis propia no es real. Hay que ceder de lado y lado. Dilucidemos el “cuánto” y empecemos con los temas centrales: la aplicación de justicia por los casos de crímenes horrendos y la elegibilidad política de los responsables de estos crímenes. Resueltos estos puntos quedaría pendiente algo menos trascendente pero no menos importante: la forzada “conexidad política” que exime de culpa la criminal actividad del narcotráfico, sobretodo en un país que como Colombia ha producido y produce todavía tanta violencia, tanta explotación inhumana a los campesinos, indígenas en su mayoría y sobretodo la inicua comercialización de estupefacientes en colegios y universidades que destruye inmisericordemente a niños, jóvenes y familias. ¿ Cuál es el mensaje que se entregaría a la juventud que queremos defender ? Y no me diga el periodista británico- español John Carlin que el narcotráfico es un problema mundial y por eso hay que perdonarlo y tratarlo distinto. Nuevamente NO. Una cosa son los países que lo producen y son como el infierno. Otra cosa son los que lo consumen y ahí están en el mejor de los mundos: un mundo mágico, relajante y a veces, elegante. En el acuerdo firmado hay otros temas en los cuales seguramente será mas sencillo el ajuste. Y a los redactores finales no olvidar el adagio castellano: lo bueno, si breve, dos veces bueno.
