¡Qué rico descansar!
Por Froilán Casas
No cabe duda que descansar es de lo más agradable de este mundo. Pero este placer sólo se siente plenamente si está precedido del trabajo. Hay gente que vive descansando todos los días, viven vegetando. No se ingenian nada, no crean nada, todo les parece pesado y difícil y sí viven exigiendo. Bravos con la marrana, pero con la morcilla no. ¡Qué horror! Y saber que a veces nos toca aguantárnoslos. Viven protestando cuando no tienen la boca llena. Están muy cerca del reino animal.
El ser humano es extremista, no sé porqué no es equilibrado. Otros viven en el extremo de trabajar y trabajar. El trabajo se les vuelve una obsesión. Lamentablemente no trabajan por amor al trabajo, trabajan por hacer dinero. ¡Qué pobreza mental! Se llenan de dinero y son tan pobres que lo único que tienen es dinero. Se vuelven avaros y huraños, todo lo tasan y sus relaciones están marcadas por el poder económico. Hasta cierta edad se la pasan trabajando sin disfrutar los bienes para sí, su familia y sus semejantes. Un dinero que no tenga impacto social, es maldito. Dios ha creado todas las cosas perfectamente, es el hombre quien ha cambiado el plan de Dios. El libro Santo nos dice, en su relato mítico y etiológico del libro del Génesis, que Dios “trabajó” durante seis días y que el séptimo descansó. ¿Qué es el séptimo día? Un pare para contemplar la creación, para agradecer a Dios, para encontrase con la familia, con los vecinos, para visitar a los enfermos, para descansar, etc. Se ha venido metiendo en el imaginario colectivo, sobre todo en los directivos del sector público y privado, por trabajar incluso el séptimo día. Es un síndrome producto de la ineficiencia en el manejo del tiempo. Ocho horas diarias son más que suficientes para trabajar. Las otras horas dedíquelas a su familia y a dormir para retomar fuerzas y llegar a su compromiso laboral con “las pilas recargadas”. Llevar trabajo para la casa es signo de desorganización. Falta método de trabajo y no se ha optimizado el tiempo. Organicen su trabajo, -les digo especialmente a los señores ejecutivos-. Llegue puntual a su oficina, a su taller y dedíquese a trabajar, no a socializar y verá usted los resultados. A veces las oficinas, sobre todo las del sector público, parecen una sala de visitas. Claro, por eso no rinde el trabajo. Hay funcionarios que viven pegados al celular y por “atender” a los de afuera no atienden a los de adentro. Su mente vive tan dispersa que no tienen la capacidad de concentración para tomar decisiones acertadas y productivas.
Tomar descanso oportuno es uno de los secretos del éxito en el trabajo. La siesta es aconsejada como un mecanismo productivo. Su cuerpo relajado le permite tener una actitud positiva frente al trabajo. Una de las causas de la neurosis es el exceso de trabajo. Por favor, no se crea necesario. Muchos “necesarios” mueren de paro cardíaco. Los impulsivos compulsivos terminan en una clínica de reposo. Recuerde que a problemas, soluciones. Usted no es el salvador del mundo. Trabaje con dedicación y responsabilidad y pronto verá los resultados.
* Froilán, obispo de Neiva.
