¡Gracias Gabo!
“Hay un momento en que todos los obstáculos se derrumban, todos los conflictos se apartan y a uno se le ocurren cosas que no había soñado, y entonces no hay en la vida nada mejor que escribir”. (El olor de la guayaba).
Hoy el mundo llora la partida de Gabriel García Márquez, el más grande, el único, el que logró tocar las fibras de millones de personas en todo el mundo, narrando como él solo lo supo hacer, de la manera más sencilla y brillante el quehacer cotidiano de un pueblo.
Las palabras sobran para destacar su vigencia en el imaginario colectivo de varias generaciones, en quienes marcó un derrotero de libertad, equidad y sobre todo de claridad en sus apreciaciones y conceptos.
“Gabriel García Márquez logró tocar fibras sensibles del hombre latinoamericano, que al leerlo, se leyeron así mismos”, dijo el diario El Universal de México en un texto sentido de despedida al líder, que aunque colombiano, los mexicanos sienten muy de ellos.
Su muerte nos recuerda que siempre es tiempo de leerlo y releerlo, de recomendarlo e inculcarlo en las nuevas generaciones que encontrarán en él, no solo relatos correctos, sino universos insospechados, escritos que usan las mismas palabras que usamos todos los días, pero acomodadas de tal manera que adquirieron nuevos y perfectos significados.
No podemos olvidar que Gabriel García Márquez, antes que escritor fue periodista, oficio que nunca abandonó. Sus reportajes y lecciones posteriores han servido como guía de varias generaciones de redactores que han encontrado en sus sencillas pero contundentes reglas, toda una escuela del comportamiento ético del periodista y la redacción pulcra.
La Fundación que lleva su nombre es modelo del buen periodismo en el mundo, y seguramente lo seguirá siendo, por ser la semilla que él sembró y que dejó como legado para ésta y las futuras generaciones que se encarrilen por lo que él decidió llamar “el mejor oficio del mundo” (Vivir para contarla).
Hoy debemos ser conscientes que el mejor homenaje que le podemos hacer al maestro, al gran escritor y pensador, es reconciliarnos con las letras, con nuestra riqueza literaria.
Se nos fue el nobel, el gran maestro, pero quedó inmortalizado en los muchos escritos y enseñanzas que nos dejó. Paz en la tumba de un grande.
