¡Ahora o nunca!
Carlos Tobar
No me han gustado las disyuntivas tajantes. Tengo arraigada la convicción de la relatividad de las cosas, particularmente en el comportamiento social. Sé que la vida avanza a saltos con cambios cuantitativos y cualitativos que los determinan miles de factores, muchas de ellos, imponderables. Qué, de igual manera, las sociedades logran su desarrollo en centenares de años bajo un conjunto de principios característicos de cada modo de producción social. Cada generación es un pequeño escalón en el devenir incierto y contradictorio de la sociedad humana. En ese marco conceptual analizo mi vida y la época que me ha tocado vivir.
Pero, hay instantes en la vida de los pueblos que son definitivos para su futuro inmediato. Ese es el caso de Neiva en la presente coyuntura electoral. No sé si mis paisanos dimensionan la agudeza de la crisis de la ciudad, no solo en los retrasos físicos, económicos, sociales y ambientales, urbanos y rurales, sino en la crisis de liderazgo político y social, pero la verdad es que nuestra sociedad está al borde del abismo. Tan grave es la situación que, para poner un solo ejemplo que sacudiría a cualquiera, a causa de la corrupción y la incapacidad –que es la peor forma de corrupción–, estamos a punto de quedarnos sin agua; mientras tanto las EE.PP. de Neiva y la Cam andan campantes adjudicando contratos o reeligiendo burócratas.
Claro que esta es una crisis nacional. No se pueden desligar los problemas de Neiva del fracaso del modelo económico que nos ha sido impuesto en los últimos 25 años. Pero si nosotros ayudamos al elegir o permitir que se elijan, quienes tienen como propósito asaltar para beneficio propio y de sus socios de corruptelas los escasos recursos públicos, la situación tiende a agravarse.
En esta coyuntura electoral, por una situación histórica particular, en Neiva hay una candidatura que está totalmente desligada de las prácticas habituales de la corrupción política y de los dineros sucios, especialmente del narcotráfico. Que no compra votos, que no da regalos, que no ofrece beneficios individuales a nadie para que la apoyen, que no apela al “pan y circo” para embaucar incautos. Que sobre todo aspira y ofrece poner orden en la ciudad y dedicar, como debe ser, los recursos a la solución de los ingentes problemas de sus ciudadanos. Que está dispuesta a poner su capacidad administrativa para reencontrar el camino perdido. Esa candidatura es la de Rodrigo Lara Sánchez. ¡Hay que apoyarla! Sobre todo, si su compromiso de apartar la nube de contratistas parásitos y actuar con pulcritud en el manejo de los recursos públicos, va a ser uno de los principios de su gestión administrativa.
No es poco lo que está en juego. Es el presente y el futuro de la ciudad. Si queremos que nos gobiernen bien, hay que elegir bien. No hay otra forma de alcanzar ese ideal de sociedad que queremos. En buena medida, nuestro atraso como nación y como ciudad, descansa en los pésimos gobernantes que hemos tenido. Es hora de cambiar y experimentar con gente nueva, sin los vicios de la politiquería. Esta es la responsabilidad del pueblo que es quién elige. ¡Hagámoslo!
