Odio visceral a la fe cristiana
Obispo de Neiva
¡Ah! Así le paga el diablo a quien bien le sirve. A lo largo de más de quinientos años, cuánto ha hecho la presencia de la Iglesia en estas latitudes y ahora hay personas marcadas por un odio pasional a todo lo que huela a ser cristiano. Se quiere borrar el pasado de un solo tajo. El que niega su pasado, niega las entrañas de su existencia. Un hijo que niega a sus padres, es un hijo desnaturalizado, y los hay infortunadamente. Hasta dónde se mal interpreta la Constitución del 91. Un gobernante no puede hacer pública su fe personal.
¿Es un delito ser cristiano en Colombia? No sé por qué los cristianos que somos la inmensa mayoría en nuestra patria, nos hemos dejado arrinconar y ya no podemos expresar públicamente nuestra fe. ¡Tanto cristiano vergonzante! Claro, como decía un viejo amigo: el que se convierte en gusano, para qué protesta que lo pisen, -esto sí que es verdad-. Quienes nos odian solo sacan a relucir nuestros desaciertos y equivocaciones. No se trata de justificar los errores, pero pregunto, ¿qué ser humano no ha cometido errores? Un Salmo del Libro Santo nos dice: “Si tú tuvieras cuenta de nuestros delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?”. Esos que nos juzgan, ¿cuántos pecados tienen a sus espaldas?
En esto de la justicia humana, ¡cuántas injusticias se cometen! La jurisprudencia va cambiando de acuerdo con el sindicado. ¡Qué horror! Este es un país sucio y cochino: al que está vestido viste y al desnudo lo desnudan, como decía nuestro dramaturgo Calderón de la Barca. Como van las cosas, mañana aparecerá un nuevo coliseo romano.
Estamos ad portas que por tutelas nos ordenen sacar de las oficinas públicas todo símbolo religioso. Les ruego a todos aquellos que nos odian que saquen de nuestro himno nacional parte de la primera estrofa: “La humanidad entera que entre cadenas gime, comprende las palabras del que murió en la cruz”. ¡Oh, qué horror, es una ofensa a los no creyentes! Por favor, saquen de la cultura americana y concretamente la colombiana todo nombre religioso: cámbienle los nombres a los pueblos, hospitales, escuelas, centros educativos y aún sus mismos nombres de registro civil, toda connotación que tenga sabor religioso; incluso, como ocurrió en la revolución francesa, cambien el calendario cristiano.
Siguiendo a Nietzsche, ¡fuera todo sabor a Dios! Nos quieren sacar del escenario público a los cristianos y lo más terrible es que los cristianos nos callamos. ¿Cómo es posible que elijamos a personas que odian nuestras creencias?; ¿será que somos masoquistas? Por favor, respetemos a quienes no creen como nosotros, pero a la par, exijamos respeto por nuestras creencias. Que tengamos derecho a expresarlas públicamente. Invito a los cristianos a tener criterio en las elecciones, no votar por candidatos que odien nuestras creencias. ¿Qué quieren quienes nos odian, que convirtamos nuestros templos en museos? A borrar a Dios de la ciudad de los hombres. ¡Pobre hombre, atentando contra su Creador! Nuestro Maestro nos ha dicho: “Quien me negare ante los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos”.
