Observatorio electoral
Estando a escasos 10 días el evento electoral del Congreso, es oportuno realizar una breve mirada a lo que ha venido ocurriendo durante el trabajo de las campañas y candidatos de quienes aspiran a obtener las respectivas curules en Senado y Cámara, especialmente en el escenario regional.
La primera impresión es que sigue persistiendo el desgano y hasta el rechazo de los ciudadanos hacia las diversas candidaturas de todos los partidos y movimientos; especialmente de quienes pretenden obtener su reelección directa o en cuerpo ajeno; pues pareciera que el elector de ayer es muy crítico acerca de la mala gestión de los actuales congresistas, pues se les mira como dedicados a satisfacer los requerimientos del gobierno a cambio de la famosa mermelada, requerimientos que en su gran mayoría se han traducido en decisiones que en nada han beneficiado los intereses del pueblo colombiano.
Así mismo, es evidente que los permanentes escándalos de corrupción que vienen afectando a todas las ramas del poder público y el desgaste del gobierno Santos; con el que tales congresistas tienen una estrecha responsabilidad; están motivando el abstencionismo y/o el voto en blanco, fenómenos electorales que pudieran, paradójicamente; favorecer los intereses de las castas clientelistas en su reelección, pues al haber una baja votación acompañada de alto abstencionismo, las curules podrían quedar en manos de los mismos de siempre o de sus aparentes reemplazos ya que con escasas votaciones de las maquinarias podrían alcanzar las deseadas curules.
Tal apreciación es válida particularmente para el caso de la Cámara, aunque el riesgo eventual en este caso lo constituiría el reto de obtener el umbral, dado que éste requisito es indispensable para entrar al reparto de las curules. En el caso del Senado, aunque también existe la obligación de alcanzar el umbral que es del 3& de los votos válidos, se conjugan otras circunstancias que hacen la diferencia.
A propósito, es incuestionable que el sistema de circunscripción nacional para Senado ha sido un rotundo error, el cual disparó el costo de las campañas y de contera el de la corrupción electoral, pues ya se sabe que para llegar al Senado se invierten cifras astronómicas que ahora sobrepasan los 7 mil millones de pesos. Por tal razón es que estamos viendo el desfile de candidatos foráneos, generalmente de los enmermelados, repartiendo dinero y comprando apoyos con cifras millonarias, pero lo más indignante es que lo hacen con el dinero del presupuesto público, es decir, con el producto de nuestros impuestos.
Así las cosas, el desgano y la indiferencia de los electores constituye un arma de doble filo, pues mientras por un lado la abstención y el voto en blanco se legitiman frente al desprestigio de la clase política, por otro lado puede favorecer a las clientelas que buscan con desespero su reelección.
No obstante, existen por fortuna pocas pero respetables opciones electorales que merecen el entusiasta apoyo de los ciudadanos. Ya corresponde a cada quien examinar antecedentes, ejecutorias, propuestas, credibilidad y confianza que inspire el candidato para entregarle la representación democrática de la región y de los verdaderos intereses nacionales.
