jueves, 09 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-12-22 02:23

Nuevo negociador con el E.L.N

Escrito por: José Israel Charry
 | diciembre 22 de 2017

La designación que ha hecho esta semana el presidente Juan Manuel Santos Calderón del embajador ante el gobierno de Cuba, Gustavo Bell, como nuevo negociador con la dirigencia del autodenominado Ejército de Liberación Nacional –E.L.N.- fue de buen recibo en diferentes círculos de la sociedad. Así se desprende del repaso hecho a través de los distintos medios de comunicación y redes sociales del país. El propio Juan Camilo Restrepo, a quien sucederá el periodista y abogado barranquillero Gustavo Bell, calificó como un acierto la determinación del Jefe de Estado y resaltó su preparación y talante.

Recordar que Bell fue fórmula vicepresidencial del ex mandatario Andrés Pastrana, quien fracasó aplastantemente en el intento de llegar a un acuerdo con la guerrilla de las Farc, de la cual fue objeto hasta de vergonzosos desplantes, y a la que le entregó sin ninguna contraprestación miles de kilómetros cuadrados del territorio nacional para que la insurgencia hiciera de ese territorio su impenetrable Estado, en el que mantuvo secuestrados por años a centenares de colombianos y entre ellos a no pocos huilenses.

Otro aspecto importante de traer a la memoria respecto del negociador Gustavo Bell, es el referido a su discreto, pero valioso papel, en La Habana, durante los largos años de negociaciones entre la delegación oficial y los voceros de las Farc. En su residencia se llevaron a cabo no pocas veces y por muchas horas las reuniones de la delegación gubernamental en donde se discutían las propuestas de sus interlocutores y se definían las posiciones a fijar sobre distintos tópicos. Entonces, no es producto, ni mucho menos, de la improvisación el nombramiento de Bell. Un hombre conciliador, prudente y, como se advierte, muy comprometido con la búsqueda del camino para la reconciliación entre los colombianos, por encima de cualquiera de las consideraciones politiqueras y baratijas de politiqueros que no saben sino despotricar de los actos oficiales porque no han sido cobijados con la mermelada que tanto critican y que tanto disfrutaron en anteriores administraciones.

Por lo demás, el señor Bell debe tener muy claro qué no se debe hacer en el curso de los diálogos con la guerrilla. De mucho tiene que servirle a su memoria el tristemente célebre intento de diálogo en la llamada zona de distención en el vecino departamento del Caquetá.

Bienvenida entonces la nueva etapa de conversaciones en Quito, aunque se molesten los enemigos de la paz, que han hecho del discurso de la guerra la anestesia para engañar a incautos y fanáticos que no ven más allá de su nariz.


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