jueves, 02 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-03-22 01:30

Nuestras formalidades

Escrito por: Álvaro Hernando Cardona González
 | marzo 22 de 2020

En los escritos académicos que la suerte nos ha permitido publicar, hacemos hincapié en la necesidad de dejar los formalismos legales y concentrarnos en la sustancialidad de los problemas si de verdad deseamos salir adelante como Nación. Necesitamos ser el pueblo unido únicamente por el deseo de progreso para todos, sin distingos, y donde el imperio de una justicia eficaz y eficiente sea real.

Somos obsesivos por las formas, los ritos, los términos y plazos. Poco nos enfocamos en lograr el objeto de convivir bajo un mismo Estado. A la mayoría de los colombianos les importa poco que la justicia emplee tanto tiempo en resolver los conflictos y muy poco en estudiar cómo preverlos. Y claro, nos importa más el proceso largo, por el debate, que el corto que resuelva el problema que lo originó. Prevalece la forma sobre el fondo.

Fíjense que los malos abogados se autodenominan “litigantes”. No juristas. Porque viven del pleito, de la controversia, de la demanda o de que sus clientes tengan motivos para demandar. Ganan más, si más litigios atienden, pierden el evitarles a los clientes los problemas; ¿será por eso que en Colombia tenemos más abogados que ingenieros, científicos o investigadores?

Igual sucede con la economía; esta es hoy una víctima del legalismo y la obsesión por la forma, aumenta la pobreza y el desempleo. Y por supuesto eso sucede más con la política, con el arte de gobernar. Importa más la forma que la sustancia. Por eso nuestros “líderes” son buenos diciendo qué hay que hacer, pero malísimos diciendo cómo hacerlo.

Aquí sacamos muchas leyes “anti-trámite” y muchas “anti-corrupción”. Pero aumentan los trámites y la corrupción. Porque hacemos normas que evitan tomar las medidas prácticas y que salen del sentido común que aquellas imprácticas y adornadas. Seguimos solicitando en los sectores público y privado la fotocopia al 150%, que el trámite lo haga sólo el titular o poniendo clave a documentos públicos. Por eso seguimos permitiendo que padres, hermanos, hijos o esposos ocupen simultáneamente cargos o sean elegidos, y períodos sin límite para estar en el poder.

Somos obsesivos con el control, porque este crea burocracia. Yo te vigilo pero necesito alguien que me vigile. Mientras la Constitución Política consagra el principio de la buena fe, nadie cree en ella y esta se atropella con normas que crean trámites de control absurdos, y más burocracia. Es más importante el discurso que lo que se dice. Es más importante la frase que la acción. Es más importante la pulcritud del contrato que la ejecución eficiente de las obras.

Apreciemos más el fondo de nuestros problemas. Usemos más el sentido común y el pragmatismo, que la formalidad y el protocolo temporal.