NUESTRA RESPONSABILIDAD
Son controvertidas para la comunidad científica, las medidas adoptadas por el gobierno nacional para recuperar la dinámica productiva, en que se encuentra sumida la sociedad colombiana por el impacto negativo que ha recibido sobre el bienestar de las familias y la economía del país. La caída de los indicadores económicos, reflejan la profunda recesión económica, que ha tenido durante los cinco meses de confinamiento que hemos padecido. A partir del 1 de septiembre tendremos una nueva realidad, por la apertura de la mayoría de las actividades económicas, previo el cumplimiento de los protocolos de bioseguridad, para evitar más contagios de la Covid-19.
A pesar de las cuarentenas reiteradas que ha implementado el gobierno nacional, los indicadores de casos confirmados y muertes han sido catastróficos por el incremento exponencial de estos indicadores. Ahora que no van a haber controles, se vuelve muy preocupante el futuro de la salud para los colombianos. La vida sigue en riesgo.
Con ello, la gente pareciera olvidar que estamos ante un virus que no distingue capas sociales ni condiciones económicas. Cualquiera puede contagiar a cualquiera por la vía menos esperada. Pretender ser indiferentes o confiados ante esta situación es jugar con la vida propia y las de los demás. Aquí no hemos alcanzado ningún pico, ni hemos aplanado ninguna curva. Ojalá lo hagamos pronto, pero aún falta. Por ahora, la realidad es que van 572.270 casos confirmados y 18.184 muertes.
Debemos asumir con mucha responsabilidad esta nueva etapa de apertura. Pretender ser indiferentes o confiados ante la situación que vamos a vivir, es que, si no acatamos con severidad las recomendaciones de las autoridades sanitarias, seguiremos jugando con el futuro de nuestra propia vida y las de los demás. Debe asumir estrictamente una actitud responsable.
A partir de este inicio del aislamiento preventivo, nos llega sin excepción, para que enfrentemos colectivamente un problema que por primera vez exige la responsabilidad nacional y que tiene la facilidad de colarse por cualquier grieta que se le deje.
Respetar lo que diga la evidencia científica y acatar las disposiciones de las autoridades para regularizar trabajos es la mejor garantía de cara a esa anhelada normalidad que se reclama. Pero para que ello suceda, están de por medio nuestra actitud y el compromiso sincero de querer cuidarnos a toda costa.
La problemática que estamos viviendo, se empieza a transformar. El asunto ya no es solo de respiradores y UCI, sino de comportamientos generales y, por encima de todo, de tener claro que, de la responsabilidad individual, proyectada hacia lo colectivo, dependerá el futuro inmediato de todos en términos de bienestar. Es hora de actuar en conjunto.
