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Opinión/ Creado el: 2019-06-29 07:44 - Última actualización: 2019-06-29 07:48

Nuestra generación dorada

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 29 de 2019

Por Luis Carlos Proaños

Es probable que 2012 haya marcado una ruptura histórica en el fútbol colombiano. Ese año, con la llegada de José Pékerman a la dirección técnica de la Selección, ocurrieron una serie de hechos que confirmaron un viraje definitivo en el desempeño competitivo posterior de la tricolor. No se trató, exclusivamente, de resultados deportivos (que, por supuesto no dejan de ser menores, y acaso sean lo más recordado) Ese año hizo coincidir en la selección mayor como nunca antes a una generación de futbolistas que, en su mayoría, eran producto de un trabajo continuado en divisiones inferiores; los encontró en la efervescencia de su rendimiento en los clubes donde jugaban y los alineó en torno a un proyecto de fútbol nacional que les brindó (y les sigue brindando) una contención y una expresión de talento que pocas veces vio una mejor versión de equipo. Asimismo, si alguien se diera a la tarea de indagar, difícilmente se encuentre una conexión tan grande entre equipo y público. En ese sentido, 2012, y lo que fue ocurriendo después, significó también una reconciliación tardía de la selección con su gente y el encuentro esperado entre una generación que había crecido viendo mediocridad, y un equipo ultra competitivo.

Marcelo Bielsa dijo alguna vez que esperaba la compañía de la suerte, ponderándola como elemento decisivo en el fútbol. Es curioso como el fútbol, tan tecnificado e hipertecnológico, es aún uno de los pocos reductos en los que el azar tiene cabida. Justamente, la generación dorada de Colombia ha sido presa de sus anzuelos. Son, incluida la eliminación de esta Copa, tres las veces que a la Tricolor le ha tocado morder el polvo producto del sorteo indescifrable que son los penales: Chile 2015, Rusia 2018 y Brasil 2019. Acaso se pueda incluir aquella tarde (sin penales) en Brasil 2014, más precisamente en Fortaleza, cuando Colombia peloteó al rival anfitrión y se quedó en camino, sellando así su mejor participación en la historia de la cita mundialista.

El periodista chileno Carlos Silva escribió en estos días, consultado por un análisis para la previa del partido, que la diferencia entre la generación dorada de Chile y la de Colombia es que la selección austral sí coronó esta etapa con títulos. Tiene razón, es el déficit del ciclo.  Puestos a evaluar rápidamente, de manera resultadista y estableciendo una comparación, podríamos decir que el fútbol nacional ha dejado pasar una oportunidad de oro para aglutinar torneos y aumentar el tamaño de su estantería. Puestos a mirar de forma estructural, entenderemos que justamente es el ejemplo chileno el espejo en el que nos tenemos que mirar: ese ciclo rojo que hoy es tan exitoso, arrancó en 2007 y tuvo su coronación solamente nueve años después.