Nos rajamos!
Por Juanita Escandón Salazar
Con tan solo unos pocos días de haber empezado el Mundial, los colombianos ya nos estábamos rajando. Y no me refiero al 2-1 contra Japón, sino a los escándalos en los que se han visto envueltos hinchas de nuestro país, agrediendo a los de otras selecciones y burlando las normas de seguridad de los estadios.
No era para menos que una de las sociedades más civilizadas del mundo y sede del evento deportivo, condenara estos actos por medio de sanciones como prohibir el ingreso a los estadios, poner multas y días de trabajo social.
Y si bien estaría mintiendo al decir que me sorprende el comportamiento de mis connacionales (pues es una muestra de nuestra vida cotidiana) lo que más me sorprende es que en algunos sectores de la sociedad colombiana se haga sentir más el ‘apoyo’ que el repudio hacia las ‘víctimas’ de estas condenas tan ‘extremistas’.
Incluso me sorprendí a mi misma pensando que quizás haber sido despedido de su trabajo en Avianca ‘por avión’ era un castigo un tanto exagerado para el colombiano que había ingresado alcohol al Mordovia Arena.
Lo cierto es que esto me llevó a pensar en la frecuencia con la cual los colombianos normalizamos situaciones en las que eludimos la ley y rompemos las reglas, no solo sin remordimiento sino con orgullo por la ‘creatividad’ y ‘malicia’ con la que afrontamos la realidad.
Esto me lleva a concluir que el estancamiento social de nuestro país no son en esencia la pobreza ni la desigualdad, sino la falta de educación sobre todo ética y moral en todos los niveles, ya que son muchas veces los más privilegiados los que nos roban la oportunidad de dejar el nombre de Colombia en alto (en el Mundial, en el Gobierno…en todas partes) Y que la única diferencia entre nuestro estado tercermundista y los países del primer mundo es el enfoque que le damos a nuestra inteligencia. Ya que mientras esta es sinónimo de avances científicos, tecnológicos y de toda clase en el resto del mundo, en sociedades como la nuestra es sinónimo de ‘trampa’.
Tristemente esta es la realidad en la que vivimos y más triste aun es que 48 millones de colombianos le tenemos fe a la Selección Colombia para que de alguna forma, durante el tiempo que dura el Mundial, nos proporcionen momentos de euforia y alegría que nos ayuden a olvidarla.
