Nos enseñaron a odiar
Por Fernando Bermúdez Ardila
Desde hace 200 años hasta hoy, los padres de la patria y los líderes contemporáneos que quieren erigirse como próceres y caudillos de causas inexistentes, pero que las hacen realidad en el entendido popular, nos enseñaron a ser de uno u otro bando y a odiar al que no pertenece al nuestro.
La democracia dicta el respeto al pensamiento ajeno, esa es la esencia de un sano gobierno, de una sociedad en paz, del balance del poder en manos de la oposición necesaria en lo absoluto, para que haya un control en los poderes, poder discernir pacífica y civilizadamente, la oposición debe ser respetuosa y aceptar cuando perdió una elección, lo debe hacer con altura y decoro, por supuesto quien gobierna debe aceptar a la oposición y sus aportes en pro del bienestar del pueblo.
Pero contrario a ello los líderes de nuestra democracia la han convertido en un campo de batalla violento, propio de un país sádico y salvaje, dónde no se aceptan pensamientos distintos al que nos inculcaron.
No fue suficiente la guerra entre Obando y Mosquera. A mediados del siglo XIX donde murieron liberales y conservadores ilustres. Tampoco fue suficiente la guerra de los 1000 días, donde los muertos sé contaron por miles y perdieron la vida personas valiosas para nuestra patria como el general Rafael Uribe Uribe entre otros. No fue suficiente la época de la violencia entre liberales y conservadores, los muertos fueron incontables y la metamorfosis de uno de los bandos que terminó siendo las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, hoy conocidas como FARC y como respuesta a los ataques violentos de este grupo disidente, nacieron del otro extremo las autodefensas unidas de Colombia (AUC).
En el centro del fuego cruzado quedó el pueblo indefenso, silencioso, inerme, inocente, masacres, asesinatos, desapariciones, linchamientos, violaciones de mujeres, reclutamiento de menores de edad. Los campos sembrados de minas anti personas donde murieron campesinos y familias enteras, personas en situación de discapacidad, mutilaciones etc. etc.
No ha sido suficiente para los colombianos, no hemos aprendido de los ríos de sangre que han bañado los campos que aún lloran sus muertos, de una sangrienta historia que jamás debió existir y que con vergüenza hoy se debe escribir. Hoy la redes sociales sirven como trinchera, para que la derecha e izquierda, continúe sembrando el odio entre los colombianos. Insultos, calumnias, mentiras, incitación al vandalismo, invitación a la anarquía, desinformación, falsas noticias, intrigas, mezquindades, reproches, conjeturas desafortunadas, engaños, señalamientos. Insisten e insisten en que debemos odiar a nuestro hermano, a nuestro vecino, a quien no piense como ellos nos han enseñado a pensar.
A ellos debemos decirles BASTA, NO MÁS.
