Opinión/ Creado el: 2017-07-04 01:50
No seamos “idiotas útiles”, en contra de la Paz
Una de las estrategias utilizadas por los enemigos de la paz ha sido la utilización de las redes sociales para lanzar toda clase de mentiras, con alguna apariencia de credibilidad, para que los receptores de tales infundios los acepten como verdades recién reveladas, sin tomarse la molestia de averiguar la fuente o el origen de lo que se afirma y con la ventaja, para el perverso irresponsable que cuelga “la noticia”, de un completo anonimato.
Y aquí es donde tenemos que ser responsables con lo que retransmitimos a nuestros amigos o con lo que publicamos por la red. No solamente debemos decir la verdad, sino debemos aprender que cuando difundimos ciertas cosas sin cuestionar su contenido, terminamos siendo cómplices de quienes quieren difundir noticias falsas que nos afectan a todos. Es decir, nos convertimos en “idiotas útiles”.
La oposición política si ha sabido sacar provecho de la credibilidad de la gente y con su artillería de mentiras y tergiversaciones parece seguir haciendo su agosto.
Los pastorcitos mentirosos empezaron diciendo que las Farc no firmarían los Acuerdos de Paz de la Habana porque solo querían alargar la negociación para conseguir una ventaja militar y reapertrechar a los insurgentes. Las Farc terminaron firmando el acuerdo.
Después insistieron en que las Farc no respetaban el cese bilateral de fuego pero cuando su vigencia se vio amenazada, por el triunfo del NO, reconocieron los beneficios humanitarios por la importante disminución de muertos y de heridos en combates; más tarde afirmaron que las Farc no se concentrarían y, a pesar de las dificultades logísticas, lo hicieron; después aseguraron que las Farc no entregarían las armas, y hoy Naciones Unidas tiene bajo su control el 100% de ellas; ahora advierten que las Farc no entregarán los bienes. Seguramente vendrán nuevas predicciones ¿Qué predicción se avecina? Esta progresión supera el sano escepticismo y se convierte en una serie de malabarismos arreglados para aferrarse a la premisa inicial de rechazo al proceso de paz.
No les importa caer en contradicciones al comparar el proceso de La Habana con el de Santa Fe de Ralito. En medio de su mezquindad, ellos no piensan en las próximas generaciones sino en las próximas elecciones.
Pero ahora no quiero saber nada de la campaña de 2018, ni de quién va a sacar provecho de las fotos de las armas en unos contenedores medio llenos o medio vacíos. Hoy, con los ojos aguados de emoción, solo me interesa saber que ya hay menos soldados muertos y heridos, menos secuestros, menos extorsión, menos civiles afectados por el conflicto, menos niños lisiados, menos viudas y huérfanos, menos familias diezmadas o destruidas. Menos dolor.
Minutos después de la bomba en el Andino, escribió el representante Álvaro Prada: “El atentado del centro Andino debe despertarnos. No podemos esperar que haya elecciones; hay que sacar al Presidente del terrorismo ya”.
Nada hizo necesario un replanteamiento del veredicto de mezquindad. Miren ahora el dilema. Los hechos siguen jugando a favor del proceso de paz, y muchos se encuentran en la incómoda posición de acomodar y reacomodar para continuar denigrando de un proceso que cada día muestra logros más relevantes.
Nada hizo necesario un replanteamiento del veredicto de mezquindad. Miren ahora el dilema. Los hechos siguen jugando a favor del proceso de paz, y muchos se encuentran en la incómoda posición de acomodar y reacomodar para continuar denigrando de un proceso que cada día muestra logros más relevantes.
Confundimos continuamente el derecho a informar con el derecho a desinformar. Publicar cosas por el afán de las redes sociales, es una irresponsabilidad enorme, que no mide lo que causa, porque no tiene consecuencias. Cualquiera puede decir lo que sea, maltratar a otro, difundir mentiras y nadie le dice nada, solo algunos que los lean sabrán que son idiotas útiles de las perversas necesidades de otros.
Esta era de la información es una guerra constante contra la verdad. Lo importante es dar una opinión y no estudiar los hechos de lo que pasa. Dejamos que nuestras pasiones superen nuestra inteligencia, y continuamente vemos como personas que admiramos por su inteligencia, dicen cosas desde el hígado, desdibujándose en un segundo frente a nosotros.
Mientras tanto, otros más calmados y con una serie de objetivos claros, difunden estos rumores, fotos, noticias a medias, indicios y pistas con la intención de confundir a las personas, y causar que las redes sociales, dejen de ser un espacio de socialización, y se conviertan en un nuevo campo de batalla, donde al final casi siempre la víctima es la verdad, las víctimas son continuamente revictimizadas y todos terminando diciendo: “ah, yo no sabía”
