No se por dónde empezar
Por Luis Humberto Tovar Trujillo
Pero tengo claro que, hay que reformar, instituciones como la justicia y el congreso, por ahora. Pero reformar al estilo Churchill, “con sangre, sudor y lágrimas”.
Y debo manifestar que no se trata de la sangre, sudor y lagrimas en el imaginario morboso y malintencionado, de quienes usando el terrorismo creen que incitamos a la violencia también; no se trata de generar mas violencia, pero sí hacer una cirugía, de esas de alta complejidad, para que su recuperación sea lenta pero segura y, nos garantice prosperidad segura también.
Esta situación es tan grave, que nos llevaron a la inviabilidad como Estado, como sociedad; una justicia altamente politizada, desprovista de cualquier concepción de la equidad; que no se rige por los códigos aprobados mediante leyes, sino por sus propios códigos de corrupción desde luego, ausentes de toda ética; serviles con sevicia en favor de intereses delincuenciales.
Un Congreso, que colocó a la justicia y al derecho a su servicio para mezquinos intereses personales; a prestarse servicios mutuos en un dañado y punible ayuntamiento; desconociendo cualquier norma de decencia democrática por decirlo de alguna manera; tanta evidencia junta de esta macabra alianza, solo conduce a expresiones de repugnancia y asco, por su indignidad y cultura de cloaca.
Los congresistas eligen sus propios jueces; jueces eligen sus propios contertulios y, ya es evidente ese carrusel de corrupción instalado en esas instancias superiores de la justicia y, ese mismo carrusel se irriga en instancias inferiores de la administración de justicia, en fin, es la cadena de la felicidad en el delito y en los pactos amañados, no para administrar justicia, sino para administrar sus intereses particulares sacrificando la columna vertebral de la sociedad y del estado.
Puede una sociedad en esas condiciones tener alguna esperanza de vida, no digamos en paz, porque esa expresión me huele a lavado de activos del dinero ilícito de reciente evidencia, sino de concordia y de tranquilidad siquiera aparente, cuando existe además la contaminación con el narcoterrorismo evidente también.
Donde la Corte Constitucional, en desastroso pronunciamiento decidió proteger el narcotráfico, en un acto de consumación de esa alianza macabra de la justicia con el delito, he ahí los altos niveles delincuenciales del pais, donde los extremistas de izquierda le echan la culpa al gobierno, cuando los verdaderos deudores de la tranquilidad nuestra son esos partidos y grupos que amparan el terrorismo y el delito, por su esencia.
Debe ser una cirugía, como se dijo, de alta complejidad, y ojalá, con altos contenidos de anestesia mientras se hace, para tener éxito.
