miércoles, 01 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-06-12 12:13

No se engañen, los niños no son el futuro

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 12 de 2020

Por Carlos Andrés Pérez Trujillo
enelcaracoli@gmail.com

Hoy trataré de hacer justicia con la memoria. Al menos le robaré unas palabras a la nostalgia para decir que mi bisabuela María Luisa Villegas fue una víctima del analfabetismo. La embarazó Adolfo Medina, un potentado iquireño que nunca reconoció a su hija María Helena (según contaba). Así las cosas, crió a su hija con dignidad, pero olvidó evitar la genuina causa de su desgracia: la falta de educación.

De esta manera, su hija María Helena vivió feliz junto a su esposo Santiago Trujillo, a la orilla de las carencias  y a unos cuantos metros de la indiferencia de su verdadero padre. Nunca conoció el mar, y como si fuera poco, murió ocho días antes de que instalaran la energía eléctrica en su casa. Eran otras épocas, claro. La extraña felicidad campesina se confundía con la soledad.

De modo que mis abuelos engrosaron la voluminosa lista de iletrados de su tiempo. La falta de educación los privó de muchas oportunidades, como ahora le sigue ocurriendo a más de ¡1.800.000 analfabetas del país!, según registros del DANE.

Es lamentable, para no ir lejos, en Huila el porcentaje de analfabetismo en la actualidad es del 13,2% en centros poblados y rurales, mientras que en las cabeceras es del 6,9%.  Todos ellos  tendrán mucho menos oportunidades laborales que los educados formalmente, pese a que la escolaridad no está generando precisamente opciones laborales.

Si observamos las cifras del Dane, la Población Económicamente Activa (PEA) con educación media (10° y 11°) es del 34,0%; el 27,0% de educación básica primaria; el 5,0% educación básica secundaria; el 11,3% educación técnica profesional o tecnológica; el 8,5 % educación universitaria; y el 3,5% con posgrados.

Esas mismas cifras, que son bien utilizadas por los llamados estadistas, advierten que la desocupación de personas educadas (que han cursado la media) corresponde al 43,0%, es decir, en esta franja de formación son más las personas desocupadas que las que cuentan con un trabajo.

Generalmente los que estudian la básica son niños. De modo que si  a esto le unimos la deserción estudiantil del 3,2 % reportada por el Boletín Técnico Educación Formal de 2019, se convierte en un caldo de cultivo que asegura el desarraigo, o mejor, la carencia de oportunidades. ¿A eso le llaman futuro?

Se ha convertido en una frase romántica, y tal vez de cajón, decir: “la familia es la base de la sociedad”  o los niños “son el futuro del país”. La verdad, se necesita demasiada franqueza para asimilar que etas oraciones son anhelos y no posibilidades reales en nuestro país.

Ya vieron las cifras antes de la pandemia. Ahora bien, se estima que la deserción estudiantil podría estar por el 30% a raíz de la peste, lo que a la postre genera analfabetismo (recuerden que la mayor población estudiantil es de primaria).

Yo no me hago ilusiones. Tal vez me tilden de pesimista, dramático, y otros tantos adjetivos injustos o acertados. Pero ese país al alcance de los niños como ambicionaba Gabo, está lejos de alcanzarse.  

Adenda: Les recuerdo que en La Guajira en tan solo ocho añitos murieron 4770 niños por desnutrición. Son muertes silenciosas y sin importancia para los filósofos de redes.