No más niñas víctimas en Colombia
Por Álvaro Hernán Prada
Las atrocidades que vivió la pequeña Yuliana Samboní se repiten diariamente en nuestro país. No conocemos todos los casos porque muchas niñas son desaparecidas. Otras siguen siendo objeto de abuso y guardan silencio sin que nadie las ayude y otras nos estremecen cuando su caso se hace público.
La tortura y violación contra una niña de tres años de edad en Bogotá, nos ha vuelto a desgarrar el alma. Una bebé que sufrió quemaduras con ácido en el pecho y la espalda, fracturas en la cabeza, tierra y papel en su boca y rastros de abuso sexual. Abandonada a su suerte en el Hospital Santa Clara, como una NN, sin que ningún familiar la acudiera, ni se compadeciera de ella, hasta que falleció. Una historia que lamentamos, pero exige de nosotros mucho más que eso. Debemos tomar cartas en el asunto y evitar por medio de leyes y penas ejemplares, que otras niñas sufran ese horror.
Hemos venido trabajando en el Congreso de la República en favor de los niños, pero no es suficiente. Creamos una Comisión Accidental para tratar sus asuntos, hemos presentado proyectos de ley, pero el trabajo de los legisladores debe estar secundado por una Rama Judicial íntegra. Jueces y fiscales que nos ayuden con investigaciones exhaustivas, minuciosas y penas que sienten un verdadero precedente de justicia en nuestro país.
En este caso, también es necesario que investiguen el seguimiento real que hacía el ICBF a la bebé, quien ya había sido dada en custodia a su abuela, por la incapacidad de su madre para darle una vida digna y el riesgo que su irresponsabilidad representaba para la menor. Al parecer, la niña fue dejada en una guardería donde, en vez de cuidarla, le dieron un calvario hacia la muerte. ¿Cuántos niños hay en Colombia bajo ese mismo riesgo, sin que las autoridades competentes lo sepan? Es inadmisible que no exista una vigilancia para estos casos, que podría salvar vidas.
Frente a esto, el proyecto de ley que daría castración química obligatoria a los violadores, como pena adicional a la cárcel, debe seguir su curso con apoyo unánime de todos los congresistas. Da grima que algunos quieran hacerlo voluntario, por un desproporcionado respeto al libre albedrío del agresor. Los únicos derechos que merecen nuestra arbitrariedad en la lucha, son los de los niños. Un violador está enfermo, además de ser un criminal. Por eso, al terminar de pagar su condena, debe recibir sin opción a negativa, la medicina que le ayude a no reincidir en su conducta, ya que esta inhibe el deseo sexual y lo mantendrá controlado.
Por otro lado, el viernes pudimos ver en el platón de rechazo a la muerte de la niña de 3 años, una petición clara de la ciudadanía, que no debemos echar en saco roto. La cadena perpetua. No podemos bajar la guardia. Para muchas niñas, somos la única esperanza. El caso de Yuliana no puede seguir repitiéndose.
