No existe la suerte
Continuemos con el título de esta columna … existen las oportunidades. Hay gente que se deja ahogar en un vaso de agua; se dejan dominar por el mínimo problema. ¿Por qué no les preguntamos a los triunfadores cuántas dificultades han superado? Preguntémosles a los japoneses, quienes perdieron la guerra, ¿cuántos fracasos han afrontado? A veces es menos difícil llegar al éxito que mantenerse en él. Con frecuencia el triunfo nos infla y esto nos puede llevar a reventarnos.
El super dios, Napoleón, creyó tener el mundo en sus manos y fue humillado por los ingleses en Waterloo; de los palacios de Versalles pasó a la abandonada isla de Santa Helena ante las peores humillaciones de la historia. La gente que vive pegada de la suerte, suele ser perezosa y no se exige mayor cosa; se contentan con poco y no mueven un dedo para construir la historia. Con frecuencia son pesimistas y marcados por la negatividad de la vida. Esta gente está signada por la toxicidad del pesimismo: todo les parece complicado y difícil. La historia personal no está predeterminada, tú la construyes.
No vivas pendiente de la lotería, proponte trabajar ya. No te desanimes por el primer fracaso; aprende de los errores, estos son un acicate para reemprender la marcha. Los grandes científicos llegaron a patentar nuevos conocimientos después de largas horas en sus laboratorios y talleres. No lamentes tus errores, si te pones a llorar el ocaso del sol, las lágrimas no te dejan ver las estrellas. Recuerda que el pasado no tiene arreglo; el futuro depende de cómo asumes el presente. Si eres un bebedor empedernido, ¿por qué te quejas que sufres cirrosis hepática? Tanto va el cántaro al agua que al fin se rompe. Si tú no construyes la historia, otros la construirán por ti. No te insultes ni te desprecies por tus errores, aprende de ellos para no repetirlos.
Si eres huraño, ¿cómo podrás tener amigos? ¿Por qué la gente huye de ti? Porque eres asqueroso, no das una puntada sin dedal, en todo buscas la satisfacción de tu avaricia. Te quejas porque no te quieren, ¿por qué no abres tu corazón para dar con generosidad? El que siembra tacañamente, tacañamente cosecha. Recordemos las palabras del libro Santo: “¿De qué te sirve ganar el mundo entero si al final pierdes tu alma?”. Gánate los espacios, no seas exigente. No proclama lo que eres, demuéstralo. Traduce tus palabras en hechos y ellas tendrán credibilidad. La vida productiva es silenciosa, la vida superficial es ruidosa. La persona vacía espiritualmente, llena su corazón de porquerías. No creas en el hado de la suerte, toma la herramienta del trabajo y verás pronto los frutos que haz soñado; de los perezosos y zánganos no se ha escrito nada, ellos son un fastidio para el espíritu. Sueña, pero sueña con los pies en la tierra. No compitas con los demás, compite contigo mismo; tú eres el problema, luego tú eres la solución. No busques excusas para justificar tu holgazanería e incapacidad. La peor diligencia es la que no haces, no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.
