No es cuestión de leyes
En este país todo se quiere arreglar con nuevas leyes y, la inmoralidad sigue galopante. El país más democrático de Europa es Suiza, solo ha tenido desde su fundación como república, tres constituciones: 1848, 1874 y la última en 1999. Su contenido es muy corto, lo fundamental. Aquí queremos ser más papistas que el Papa, hemos tenido 16 constituciones y la última, con las nuevas reformas y artículos transitorios que casi superan el total de la Constitución, tiene 380 artículos. Aquí legislamos hasta qué debe comer el gato. Somos muy viscerales y coyunturales; a cada hecho de inmoralidad pública le queremos responder con nuevas leyes y los problemas se agigantan. Nunca como ahora el Estado tiene tantas herramientas legales para responder al lema de nuestro escudo nacional: LIBERTAD Y ORDEN. Sin embargo, la corrupción y la impunidad siguen como pandemia social, como un cáncer que hace metástasis. No se arregla la inmoralidad con reformas a la justicia, se arregla con la formación de la conciencia. Ahora, ¿quién forma la conciencia? El Estado como un absoluto les va quitando el derecho natural a los padres de formar a sus hijos. Los colombianos trabajadores ya no aguantamos más impuestos. En cambio de reformas tributarias, ¿por qué no se combate la corrupción? Se dice que el Estado pierde alrededor de 25 billones anuales de pesos por cuenta de los ladrones del erario. En los Estados europeos se cobran muchos impuestos, pero éstos se ven: buenas carreteras, buenos hospitales, buena infraestructura escolar y alta calidad en la educación, calidad en la salud, etc. Allí, vale la pena pagar los impuestos. Aquí se lucha por castigar a los evasores y eso está bien, pero, ¿dónde está el Estado para darle seguridad al ciudadano, si tiene que vivir enrejado? Ante un mal manejo del Estado los populismos están a la orden del día. ¡Cuidado pasamos de Guatemala a “guatepior”! ¿Para qué tantas leyes si hay impunidad? La impunidad es el mejor caldo de cultivo para que se agigante la delincuencia. Pero, como decía el dramaturgo calderón de la Barca en un auto sacramental: “Este mundo triste al que está vestido viste y al desnudo, lo desnudan”. Aquí se premia al pícaro y al bandido, ¿dónde está el estímulo al ciudadano honesto? Aquí no se castiga la ineficiencia, por el contrario, se amplía la planta de personal para resolver la misma y a ¿qué costo? Los gastos de funcionamiento superan con creces los gastos de inversión en los presupuestos del sector público. ¿Cuándo se aplicará una verdadera reingeniería a los procesos para optimizar los recursos y castigar la ineficiencia administrativa? Si hacemos un estudio a la escala salarial de los colombianos, encontramos unas diferencias abismales entre el salario mínimo y el salario de las altas Cortes y de los parlamentarios, -claro como ellos se fijan sus propios salarios y el resto de colombianos nos tenemos que someter a la reglamentación que determine el gobierno-. ¿Dónde está la equidad que tanto se cacarea? No se trata que haya igualdad, para mí la igualdad es una injusticia, se trata que haya equidad. Igualdad de oportunidades, sí.
