NO a una Asamblea Nacional Constituyente
La medida de aseguramiento con detención domiciliaria impuesta por la Corte Suprema de Justicia contra el ex presidente y senador Álvaro Uribe Vélez, no es un triunfo político de nadie, ni de ningún partido o movimiento político, en particular.
Igual no debe ser motivo para alegrarse, sino creer en la justicia, porque si Uribe Vélez es inocente seguramente lo absolverán, si es responsable igual debe pagar su pena como cualquier delincuente, así debe ser con todos.
La justicia muestra una cara diferente, pues se atribuye a los operadores judiciales aplicar la rigurosidad penal a individuos sin algún poder económico, político y social determinante. “la justicia es para los de ruana”, reza en el argot popular.
Uribe Vélez, hoy por hoy, es el hombre más poderoso de este país y uno de los más influyentes en los últimos 50 años de la historia colombiana y, nadie esperaba que alguien se atreviera a tomar una decisión judicial de esta envergadura, pese a tener muchos procesos en su contra.
En consecuencia, es primicia que, a Uribe Vélez, se le restrinja su libertad y es una demostración de que en Colombia todavía existe un poder público representado en el legislativo, el ejecutivo y el judicial.
Repito, no me alegra la situación del expresidente Uribe, resultó involucrado luego de una investigación como presunto responsable de los delitos de fraude procesal y soborno, entre otros delitos.
Tampoco debe ser el combustible para incendiar la situación socio-política de nuestro país que poco a poco viene tratando de apagar el conflicto que sufrimos desde hace más de sesenta años, debido a que existen quienes no están acuerdo con la paz, por diferentes motivos.
El conflicto colombiano tiene un Acuerdo de Paz con la reinsertada guerrilla de las Farc, que el gobierno del Presidente Duque ha sido reacio a empujar, una estrategia del Centro Democrático, el partido de gobierno dirigido por Uribe Vélez, que se niega a apoyarlo de manera sistemática.
Uribe aún no ha sido condenado, y los fines particulares de la detención son, lograr su comparecencia a la investigación y juzgamiento, evitar su fuga, evitar la destrucción o desaparición de las pruebas con las que se desplegó la conducta punible y su aproximación a la manipulación de testigos, como influenciarlos, constreñirlos o intimidarlos.
Los medios de comunicación y las redes sociales, son mecanismos de presión que impiden la completa independencia e imparcialidad la administración de justicia.
En la televisión que transmiten en directo desfiles de simpatizantes gritando contra la justicia del país, cuando la decisión no les gusta.
Se pone en segundo plano las noticias mundiales graves de un hecho notable de conmoción social, económica y política que vivimos por la pandemia del coronavirus.
Debemos poner mucho cuidado porque esta situación está dando para que se lancen propuestas como una Asamblea Nacional Constituyente para reestructurar el modelo de la justicia colombiana.
Esta propuesta no se compadece con el momento histórico de convulsión política en un país peligrosamente polarizado, “entre buenos y malos”.
Una Asamblea Nacional Constituyente, no solo se elige para reformar la constitución sino para cambiarla si el constituyente lo determina una vez se posesione, como ocurrió con la constitución del 91 que iba solo reformar la del 86, pero la derogó de plano y decretó una nueva norma superior.
Contamos con un conjunto de principios o normas superiores como el Estado Social de Derecho, la Democracia Participativa, la Pluralidad, el Respeto a la Dignidad Humana, y sobre todo el Interés General sobre el particular, que pocas veces aquí se aplica, pero ahí está, como lo vemos con la salud, la educación y las normas fiscales.
Estas normas no pueden ser objeto de reformas porque alguien no esta de acuerdo, como el derecho a la justicia y al debido proceso, tiene que obedecer a la necesidad, la serenidad, a la buena fe, y tener pleno conocimiento todo el pueblo del tipo de justicia que necesitamos.
Además no es de buen recibo que el expresidente Uribe, quien, para nadie es un secreto, en la sombra dirige este país, se le permita imponer normas en sus circunstancias de dolor, sufrimiento y seguramente preocupación por su futuro político, quien había propuesto un solo tribunal de justicia, en lugar de los tres que existen hoy.
Asunto peligroso para la democracia y el equilibrio de poderes y no resolvería nada para responder a las gravísimas amenazas contra la vida la honra y los bienes de los ciudadanos. NO a una Asamblea Nacional Constituyente.
