Niños mimados, hombres débiles
Por: Froilán Casas
Obispo de Neiva
Infortunadamente en muchas familias y, -qué no decir de las llamadas diferentes clases de familia que se quieren mostrar hoy, ¡qué absurdo!- se pretende complacer en todo a los niños. Los mal llamados “derechos del niño”, buscan eliminar la patria potestad, -esto es ir contra la naturaleza.-. Los padres son insustituibles. El Estado debe respetar el fuero interno de las familias. Los Estados absolutistas de línea comunista o capitalista, luchan por robarles a los padres la responsabilidad de formar a sus hijos, entre otros aspectos, el valor de sus creencias. Las nuevas familias emergentes, con actitud iconoclasta, quieren borrar de tajo todo legado ancestral. Sacan de la vida familiar a Dios; los valores cristianos, como el matrimonio monógamo e indisoluble, la procreación responsable, la unión matrimonial de un varón y una mujer, el respeto a la vida desde el momento mismo de su concepción, etc. ¡Ah, después vienen las consecuencias! Hay padres tan proteccionistas que no dejan crecer a sus hijos, en todo los complacen; se vuelven tan malcriados hasta el punto que los progenitores resultan esclavos de sus hijos. Son hijos voluntariosos, exigentes, malcriados; no conocen el verbo ofrecer, solo conjugan el verbo pedir. No conocen el valor de las cosas porque no les han enseñado que todo se logra con esfuerzo y disciplina. Entran a la universidad pública, sostenida con nuestros impuestos, son vándalos que dañan la infraestructura y tienen derecho a todo, incluso hasta parar el libre tránsito a que tienen derecho los ciudadanos. Por otra parte, hay niños tan mimados que no se contentan con nada. El escritor Paulo Coelho nos dice que: “Cuando Dios quiere enloquecer a alguien, lo complace todo”. Niños y adolescentes que no saben nada del sacrificio para conseguir las cosas, son consecuencia de padres alcahuetas que no tuvieron la firmeza para saber decir no en muchas circunstancias de la vida. Ese tipo de deformación va legar en las futuras generaciones, personas débiles y enclenques para tomar decisiones. Si llegan al poder político o económico se vuelven los más crueles tiranos. Son personas despilfarradoras marcadas por la superficialidad de la última marca, -bueno, creo que con el coronavirus, la situación va a cambiar, se comprará lo estrictamente necesario, adiós sociedad de consumo por algún tiempo-. Esos niños consentidos, se parecen a la mantequilla, si se tocan, se derriten y entonces hasta entutelan a los padres. ¡Ah, así le paga el diablo quien bien le sirve! Hay que formar a los niños en el hermoso valor del trabajo. Las escuelas deberían ser un lujo de presentación: limpias aulas, bellos jardines, corredores impecables, etc. ¿Quiénes deben embellecer el ambiente escolar? Los educandos. ¡Cuidado se hace esto! Empapelan al rector: “¡eso es una explotación de los niños, adolescentes y jóvenes! ¿Cuándo saldremos de esos francotiradores? Este es un salvaje Oeste. Aquí reina la ley del revólver, la ley del que grita más fuerte. Estamos formando una manada de vagos y sinvergüenzas: lo que nada nos cuesta, hagámoslo fiesta. ¡Cómo se despilfarra el dinero del erario! Cuando la autoridad es de derecha, se le llama fascista; cuando es de izquierda, se nos llena la boca, revolucionaria.
