Néstor y la moral de su apellido
Por Alfonso Vélez Jaramillo
La polarización desplegada y excitada desde los grandes medios de comunicación está generando que Colombia se despedace cada día por política, por intereses personales y por odios generados desde los diferentes ángulos.
No hay emisión sin que se hagan juicios morales, en los que hay periodistas que actúan como auténticos pirómanos de la guerra, convencidos de que la gente no está dándose cuenta y da la impresión de importarles muy poco su prestigio y su popularidad logrados con trabajo y dedicación.
Se desprende de la “entrevista” que Néstor Morales, otrora objetivo reportero, le hizo a la Asesora del Paz del Municipio de Neiva Esmith Duarte Cano, que no fue sino una audiencia de acusación y condena, sin escuchar al procesado.
Era una entrevista, pero parecía una audiencia de un tribunal de la inquisición, en la que no le daban oportunidad a la funcionaria de declarar y le cortaban la palabra, al tiempo de repetirle guerrillera y le recalcaban otros términos, ¿entonces para que llamaron?
No tuvieron en cuenta que la señora de manera insistente señalaba que no había sido nunca guerrillera, aunque aclaró que todo se origina que el padre de sus dos hijos si perteneció a la insurgencia.
La funcionaria admitió que en su pasado sí sostuvo una relación sentimental de la cual nacieron dos hijos, hoy de 23 y 20 años, con Norbei Camargo, alias "James Patamala", ya muerto, quien luego de esta relación, ingreso a la guerrilla de las Farc y llegó a ser segundo al mando de la Columna Móvil Teófilo Forero.
Pero Néstor al mejor estilo del mejor cuñado del presidente Duque, no tuvo un momento de consideración y siguió tratándola de guerrillera y de causarle daño a la sociedad colombiana, pese que su entrevistada le repetía que nunca militó en las Farc., ni fue procesada como miembro de las Farc. Solo que no denunció al padre de sus hijos.
Por esta relación la señora Duarte Cano, según sus palabras, fue procesada y condenada, pero nunca por haber pertenecido al grupo guerrillero, ni ser autora de algún delito con saldo de muertos, mucho menos del atentado conocido como la casa bomba, que causó indignación nacional, como se lo recalcaba Morales.
Todo inició a consecuencia de una charla que, como Asesora de paz del Municipio, invitada por la misma policía, sostuvo con varios agentes sobre derechos humanos, a propósito de la marcha de los estudiantes, que iba a realizarse un día después por las calles, y con el fin de prevenir de que en Neiva no se presentara un hecho similar al de Bogotá, como se lo solicitó el alcalde Gorky Muñoz, en donde hay agentes encartados acusados de asesinar a un abogado.
Esta situación encendió la ira de políticos y periodistas uribistas en cabeza del senador huilense Ernesto Macías Tovar, quienes, sin averiguar primero censuraron el asunto, en una franca ratificación de su enemistad con el Proceso de Paz que condujo a la desmovilización de las Farc, que dejaron las armas y hoy en día pertenecen al Congreso.
Indica que en Colombia hay personas que no están preparadas para vivir en paz, que no soportan a quien piense diferente, que atacan solo por no estar de acuerdo y que nunca van aceptar la reconciliación de los colombianos.
La mayor indignación fue porque Néstor, como haciendo gala de la moral de su apellido atentó contra el periodismo, porque trató de ridiculizar como quiso a su entrevistada, inclusive sin respetar su condición de mujer, y no la dejaba ni responder, en un gesto de genuflexión descarado contra la libertad de expresión e información, que causó estupor entre muchos colombianos y los periodistas.
Este lamentable episodio deja la impresión, sin temor a equivocarme, que, sí hay un cartel que juega con la información, una bacteria real que está propagando la polarización colectiva a través de noticias y falsas entrevistas, que sin duda ha puesto a algunos medios al servicio de una pedagogía que masifica la desorientación social.
Siendo así, no se le puede pedir peras al olmo, Néstor es cuñado de presidente Iván Duque y, que pena no pudo nunca desprenderse de esta incompatibilidad para ejercer el periodismo de manera honrada y respetuosa.
