Navidad negra para los venezolanos
La hermana República Bolivariana de Venezuela, se destacaba en otrora, dentro del contexto internacional, por tener una economía fuerte que se reflejaba en la calidad de vida de sus habitantes superior a los que presentaba el pueblo colombiano. Pero las medidas dictatoriales que ha tomado el presidente Maduro para conjurar la crisis están tergiversando totalmente el direccionamiento de un gobierno, que no ha podido conjurar el creciente descontento popular que está haciendo metástasis en todas las esferas de la sociedad venezolana. El accionar institucional está siendo acompañado de bravuconadas y de expresiones eufóricas irracionales, como respuesta al clamor popular que está buscando su dimisión inmediata de acuerdo con los últimos sondeos de opinión que superan el 90%.
Cuando las demandas sociales por alimentos, medicinas, y de todas las demás necesidades básicas, son insatisfechas en un país, la reacción popular no se deja esperar. Con hambre y con una decisión que les nace del corazón, ofrendando inclusive sus vidas, el pueblo venezolano, realizó durante el presente año, jornadas de protestas, en todas las ciudades del hermano país, que se encuentran en una verdadera encrucijada social, económica y política, pero que fueron contrarrestadas brutalmente por el aparato militar de la dictadura. El tablero de ajedrez geopolítico latinoamericano se está sacudiendo de una manera acelerada, por la grave problemática que se está presentando, por el accionar irracional y demencial del presidente Nicolás Maduro, que quiere perpetuarse en el poder.
En una excelente crónica publicada en el Diario del Tiempo, el día anterior, la periodista María Angélica Correa, hace una cruda descripción de la forma como el pueblo venezolano, vivió la nochebuena. Lo tituló “A los venezolanos nos enterraron la navidad”. Extracté algunas frases: “No había luces navideñas. Solo calles oscuras, desoladas, abandonadas y el silencio. Sus calles están destruidas, los negocios se encuentran cerrados, retenes militares por doquier. Aquella palabra mágica, Feliz Navidad, ya no se escucha en este diciembre de 2017. Es extraño oírla, es extraño desearla porque hay tanta tristeza que decirla suena como un cinismo. Hay un silencio interno, una desesperanza. Hay otro tipo de silencio, el de la juventud que se fue. Se fueron para no regresar. Se fueron en busca de un futuro que ya no les brinda su país. Huyendo del hampa, del hambre, de todos los visos de inseguridad que fueron sembrados, como si se hubiese consagrado como política de Estado acorralar a los venezolanos para que abandonen su país, o aniquilarlos. Familias separadas. Ancianos que han quedado solos. Niños que quedaron en otros brazos porque sus madres debieron partir. Una diáspora que cada día se está engrosando”. Para los colombianos es muy triste ver como una nación se está destruyendo poco a poco por el accionar gubernamental irracional e incoherente por la aplicación de los instrumentos de la política macroeconómica en ese país.
