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Opinión/ Creado el: 2018-06-27 01:10 - Última actualización: 2018-06-27 01:10

Nadamos en coca

Escrito por: Jesús Andrés Vargas
 | junio 27 de 2018

Por : Jesús Andrés Vargas Gutiérrez

 

El silencio de los fusiles de algunas facciones del amplio espectro que compone el conflicto armado en Colombia, ha sido en últimas, un distractor que ha ocultado una verdad innegable, tal como alguna vez, la violencia de las FARC, dilató por mucho tiempo el debate amplio sobre la corrupción política.

Lo cierto es que el país está inundado en cultivos de coca, así lo reveló la Oficina Nacional para el control de drogas de las Estados Unidos, y a medida que aumenten, la escalada de violencia en los sectores más olvidados del país, sólo se va a recrudecer. La política del actual gobierno ha sido todo menos eficiente, la erradicación manual, un chiste, y la sustitución voluntaria, también.

Es claro que existe un factor de abandono estatal, cuando se habla de regiones cocaleras. Pero también hay factores logísticos y geográficos para que los grandes capos del narco, prefieran ciertas zonas para el cultivo. Miremos por ejemplo regiones como el Catatumbo o Tumaco. El primero, una zona fronteriza en el Norte de Santander, que colinda con la inestable Venezuela. Una región ideal para el transporte del alcaloide si tenemos en cuenta el supuesto carácter corrupto de los oficiales venezolanos. Tumaco, al extremo opuesto del país, que además resulta ser la zona de influencia de Guacho y su grupo Neo-Farc, tiene dos componentes adicionales. Además de estar cerca a la frontera con Ecuador, posee una basta selva aledaña en dónde pueden ocultarse cultivos y laboratorios, y ni hablar del acceso directo al Oceano Pacífico, hacia donde frecuentemente zarpan lanchas rápidas con cargamentos de Droga. Unos años atrás incluso se incautó un submarino “criollo” utilizado para el transporte de narcóticos.

Hoy se estima que el número de hectáreas sembradas alcanzan las doscientas nueve mil, una extensión casi igual al Departamento del Quindío. De los muchos retos que tiene el nuevo gobierno, este es uno que debe aceptar casi que de manera inmediata.

Y lo debe hacer desde diferentes frentes. El retorno de las fumigaciones aéreas se pone nuevamente sobre la mesa, esta vez en forma de drones, que pueden volar a menor altitud, y así generar un menor impacto ambiental.

La Administración Trump ha sido dura con Colombia en este sentido, y allí el trabajo diplomático debe ser arduo, en últimas para hacerles ver que si bien es cierto, la Coca ha aumentado, esto se encuentra directamente relacionado, con una mayor demanda de mercados internacionales, incluido los Estados Unidos.

El componente social es fundamental. El tratamiento al campesino cocalero no debe ser ni blando ni rígido. El arraigo en esta actividad, y la convivencia constante con los actores del conflicto los hacen una especie de cómplices pasivos. El problema es que el Estado mismo incumple con sus programas de sustitución.

Lo más preocupante de todo, es que esta “bonanza” cocalera hace que el consumo interno también se dispare, y como sucede con el café de mejor calidad que es exportado, lo que queda de la cocaína (como si de por sí esta no fuera una sustancia tóxica ) es nada menos que el famoso bazuco. Probablemente la mas degradante de todas las drogas.


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