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Opinión/ Creado el: 2018-06-24 01:03 - Última actualización: 2018-06-24 01:03

Nacimiento del precursor del Mesías

Escrito por: Padre Manuel Antonio Parra
 | junio 24 de 2018

La columna de Toño

 

Jesús le da el mejor elogio resumiéndolo con estas palabras: “Os digo que entre los hijos de mujer no ha nacido alguien superior a Juan Bautista”. Éste es su único precursor; su padre Zacarías era sacerdote, cuando estaba ofreciendo incienso en el templo recibió el anuncio de su nacimiento con su mujer Isabel; ambos eran estériles y de avanzada edad, porque para Dios nada hay imposible.

San Lucas resume la infancia de Juan diciendo: “el niño crecía y se fortalecía en espíritu y moraba en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel” (Lc. 1,5-25ss).

Después de estar en el desierto, el Bautista aparece predicando y bautizando en las orillas del Jordán en el año decimoquinto de Tiberio Cesar.

La duración de su vida pública no se puede precisar. Heredero del celo profético, censuró públicamente la conducta escandalosa de Herodes Antipas que había tomado para sí la mujer de su hermano, siendo sobrina de ambos. Esto le valió la prisión y le costó la vida en la fortaleza de Maqueronte. Los discípulos, vinieron y tomaron el cadáver y le dieron sepultura (Lc. 3, 18-19).

Su predicación fue severa para pedir la conversión a través del Bautismo y como muchos lo estaban confundiendo con el Mesías su humildad fue profunda y expresada categóricamente: “Yo no soy lo que ustedes piensan, sino que después de mí, vendrá otro al cual no soy digno de desatarle las sandalias”.

Así pues el personaje, centro de esta fiesta nos invita a ser pregoneros de la evangelización y conversión.

Da grima oír su nombre como el de San Pedro en medio de borracheras y comilonas y hacer brindis a la sombra de un personaje austero, penitente y santo a quien el fue concedido el privilegio de Bautizar al mismo Hijo de Dios en el Jordán. Por el Bautismo somos enviados a ser testigos de la Buena Noticia de la salvación, comenzando por la conversión personal, porque la predicación sin el ejemplo se queda en el desierto de la ineficacia.

Ojalá seamos “luz para llevar la salvación hasta los confines de la tierra” como lo afirma el profeta Isaías en la primera lectura de hoy.

Escogidos desde el vientre materno para ser hijos de Dios, debemos sentirnos orgullosos de este privilegio y pedirle hoy al Bautista que nos de la valentía de anunciarlo con nuestras palabras y obras.


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