Muy grave
Es muy grave que después de muchos años se presente nuevamente un atentado terrorista con carrobomba en el país y mucho más grave que haya sido en la escuela de cadetes en la ciudad de Bogotá, en la que se forman los oficiales de la policía nacional, con el saldo trágico que conmovió al país entero, que casi un mes después cobra una nueva víctima que había quedado gravemente lesionada, dejando muchos interrogantes sobre las medidas de seguridad que deben observarse en estas instituciones, para preservar la integridad física y la vida de sus alumnos. Por esta gravísima falla en el servicio deben responder los altos mandos encargados de diseñar las estrategias de protección y no solo los agentes encargados de la vigilancia en las puertas de acceso al complejo estudiantil.
Es muy grave que se siga atentando contra la infraestructura petrolera del país y contra la vida de los soldados y policías destacados en zonas de conflicto y es muy grave que se sigan realizando secuestros de civiles, como el ocurrido recientemente en un hecho inverosímil, en el que la tripulación de un helicóptero, afortunadamente ya liberados, que transportaba una gruesa suma de dinero, con la que seguramente sus captores dieron por pagado su rescate, fue víctima de este delito, en una zona de orden público no muy confiable, en la que debían contar con garantías de seguridad de parte del estado.
Pero es muy grave también que se sigan asesinando líderes sociales de todas las tendencias y que la fiscalía general de la nación haya reconocido recientemente, que los crímenes de estas personas responden a una sistematicidad relacionada con el tipo de organización criminal que los ejecuta y el perfil de quienes son víctimas. Según la Defensoría del Pueblo, entidad que tiene la capacidad de cubrir 38 regiones del país cumpliendo con su función constitucional de difundir y defender los Derechos Humanos, desde el primero de enero de 2016 hasta el veintidós de agosto de 2018, han sido asesinados 343 líderes y desde esta fecha hasta hoy por lo menos otros cincuenta.
Muy grave que se hayan terminado los diálogos con el ELN y muchísimo más grave desconocer los protocolos acordados por el gobierno anterior con esta organización subversiva, con los que se garantiza el margen de confianza, que se requiere para que las partes en conflicto puedan regresar nuevamente a la mesa de conversaciones, en procura de alcanzar un acuerdo de paz y sobre todo pensar, ingenuamente, que Cuba, como país garante, va a capturar y a entregar presos a los negociadores de la guerrilla, para que después sean extraditados a los Estados Unidos por cargos de narcotráfico.
Pero es muchísimo más grave que buena parte de los colombianos no crean en las investigaciones que adelanta la fiscalía general de la nación y que su pongan en tela de juicio sus resultados, porque su cabeza está en el ojo del huracán, por su desempeño como abogado litigante, en procesos que comprometen seriamente en hechos de corrupción a sus entonces clientes y que hoy son de su conocimiento, quedando la sensación de que ha llegado a ese cargo para favorecerlos.
