martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-04-10 01:58

Mucho ruido y pocas nueces

Escrito por: Froilán Casas
 | abril 10 de 2019

Hoy se cacarea demasiado y los resultados son efímeros. Algún expresidente lanzaba a todos los vientos el convertir a Colombia en el Japón de Latinoamérica, ¡qué iluso!, -con ese disco duro de los colombianos no cambiaremos nunca-. Hace casi tres décadas se hablaba mucho en el mundo empresarial privado y afortunadamente entró el discurso al sector público, de la famosa escuela japonesa: círculos de calidad, teoría Z, calidad total, etc. ¡Qué hermosa literatura! ¿Los resultados? Muy exiguos. Mientras no se cambie la mentalidad de los colombianos, todo será en vano. Hoy se busca certificar a las empresas en calidad y se logra, no cabe duda.

Pero … ¿qué vemos los usuarios? Un Estado paquidérmico, unos empleados con múltiples manías, una desatención al público rayana con la desfachatez. El empleado, sobre todo en el sector público, sabe que si tiene buen “padrino”, se lo tienen que aguantar y, además, hace lo que le da la gana. ¿Para qué Código Disciplinario Único?, -letra muerta-. Constatamos, con frecuencia, un Estado atiborrado de empleados y los resultados son mínimos. De modo que se cumple la frase de la sabiduría popular: a más vacas, menos leche. Para obtener la certificación en calidad, se hace senda publicidad, pasabocas y actos culturales, páginas en los diarios; se levantan pendones con la Visión, la Misión, las Políticas de la empresa, ¡ah!, pero los empleados no cambian, siguen con las mismas mañas: llegar tarde, complicar los procedimientos y en cada dependencia se establece una nueva norma. El pobre ciudadano tiene que aguantarse filas interminables y ¡cuidado protesta!, -el documento se lo  entregan dentro de tres meses-.

Para qué poner buzón de quejas si eso no sirve para nada. En los países en donde la cultura de calidad es la reina del comportamiento, no se ven esas interminables filas para obtener una respuesta a su necesidad. Aquí pareciera que los puestos nos los han escriturado y, ¡ay del jefe que pretenda poner orden!; pues, se va primero él que el gruñón funcionario. Como decía Calderón de La Barca: “Este mundo triste al que está vestido viste y al desnudo lo desnudan”. ¿Por qué no aplicarle a las empresas privadas y del Estado, políticas de Indicadores de Gestión? Empresa que no dé resultados, que no sea competitiva, se reestructura, o  que salga del mercado, así de sencillo. La política del libre mercado es sana si se aplica con una gran dosis social. Necesitamos un Estado pequeño y eficiente y, una empresa privada fuerte y competitiva en el mercado nacional e internacional. Necesitamos una cultura de productividad y no de mero asistencialismo. Necesitamos políticas que apoyen al productor, al que trabaja y no al vago y sinvergüenza. Los Estados benefactores son la muestra de la injusticia social que campea en sus habitantes. Un país tan rico como Colombia no debe tener pobres; si los hay es producto de la ineficiencia de sus gobernantes y la falta de educación del pueblo. El desempleo y la pobreza son una de las mayores vergüenzas de un pueblo. Es hora de pasar de la retórica a la práctica. No más discursos: hechos de vida.


Comentarios