Mucho ruido - pocas nueces
Ha transcurrido el tiempo suficiente para que los organismos de control decidan con transparencia y prontitud, las indagaciones preliminares que permitan establecer si efectivamente las autoridades territoriales y locales, han incurrido o no en irregularidades que con tantos bombos y platillos anunciaron por los diversos medios de comunicación.
Las alarmas se encendieron al conocerse que gobernadores y alcaldes estaban adjudicando en forma directa multimillonarios contratos destinados a conjurar o mitigar los efectos de la pandemia y sus consecuencias sociales y económicas, con inversiones que superaban los 2 billones de pesos.
Hasta ahora solamente se ha conocido la suspensión del gobernador de Chocó y de uno o dos alcaldes de municipios de sexta categoría, hecho que demuestra, una vez más, la realidad del conocido refrán popular según el cual “la cuerda se revienta por la parte más delgada”. Mientras tanto, los demás funcionarios de esos niveles que han dispuesto de la gran mayoría de tales recursos, persisten en la feria del derroche, abonando los fértiles campos de la politiquería clientelista que conduce a la corrupción.
Las imágenes e informaciones que trasmiten los medios y de manera abundante las redes sociales, permiten observar a gobernadores, alcaldes, diputados y concejales; es decir, a los actores de las maquinarias políticas territoriales, entregando mercados de 50 mil pesos con los cuales alimentan sus clientelas, sin ningún control eficaz de quienes tienen la responsabilidad de proteger y verificar el uso correcto de los dineros públicos.
El preocupante silencio y falta de acciones efectivas de la Fiscalía, Procuraduría y Contralorías, en el entendido que están obligadas a respetar el debido proceso y el derecho de defensa, no justifica que el ruido mediático que desataron presente un balance tan pobre como decepcionante.
Por ello, está haciendo carrera en la opinión ciudadana, que por el amplio número de gobernadores y alcaldes comprometidos en esos abominables actos de corrupción, los senadores y representantes con quienes tienen estrechas vinculaciones políticas, estarían usando sus eficaces influencias ante quienes dirigen aquéllos organismos para protegerlos. Creencia popular que tiene su asidero dado que son los congresistas quienes eligen al Contralor y Procurador, en el ya conocido intercambio de favores.
Así mismo, los medios de comunicación que tanto escándalo causaron, no han vuelto a ocuparse del asunto presionando por resultados, pues ahora se ocupan de los problemas de la evidente división interna en las Fuerzas Militares, reviviendo la polarización política e ideológica originada en la negociación y acuerdo de la Habana, con el evidente propósito de agudizar la oposición al presidente Duque y mantener la estrategia de desgaste hacia el uribismo.
En éstas circunstancias, el cacareado discurso contra la corrupción sigue siendo una estrategia oportunista y demagógica que termina anestesiando a la ciudadanía para que todo siga igual, mientras la politiquería y el clientelismo siguen deteriorando y deslegitimando las frágiles instituciones del sistema democrático.
COLETILLA.- Cómo van a garantizar gobernadores y alcaldes las ambiciosas metas de los planes de desarrollo que han presentado a consideración de Asambleas y Concejos, cuando las consecuencias económicas de la pandemia dejarán un enorme hueco fiscal en las finanzas públicas?
