Movilización popular
La dirigencia política del Huila, se sigue engañando a sí misma y de contera, pretende que todos los huilenses comamos cuento, que seamos tan pendejos de considerar que la solución al problema vial, lo vamos a encontrar declarando el Estado de Calamidad o de Urgencia de las vias del Departamento, para que tengamos que destinar los escasos recursos económicos del presupuesto a atender las vías nacionales, que le corresponden, por su naturaleza al Gobierno Nacional.
Afortunadamente desde la Presidencia de la República, se nos sigue considerando como CELIOS, y lo peor del caso, es que nos comportamos como tales y sin atender los caminos de la razonabilidad, metemos la cabeza y como el avestruz, escarbamos para ocultarnos de la dura realidad que nos ha tocado vivir, desde siempre, con esos dirigentes emergentes que se dicen redentores de nuestro abandono estatal, pero que a partir de la mermelada, los auxilios educativos de otrora y todas esas maromas de la contratación estatal, se han enriquecido de espaldas a los electores.
Tenemos vocación de mártires, nos hemos dejado embolatar como niños chiquitos, nos han tratado como les ha dado la gana y seguimos tan campantes, hablando de ética y de moral, desde los medios radiales, como lo hacen algunos que purgaron condenas por atentar contra los recursos del Estado y siguen beneficiándose de la política tradicional.
Hemos convocado a todos los huilenses a salir de su letargo, a salir del estado de caos en el que se encuentran, para que por vías de hecho, se haga un pronunciamiento de las colectividades frente al atropello que nuestros propios dirigentes políticos nos quieren ocultar. Y para ello son los paros y las movilizaciones ciudadanas, las cuales no se pueden
detener y no se pueden prohibir porque son expresión sentida de las necesidades de las comunidades frente al atropello y la ausencia de garantías para el ejercicio de los derechos ciudadanos.
Si a estos elementos se le suman algunos aspectos importantes que tienen que ver con el legado que nos deja este Gobierno y el anterior, sobre corrupción, mermelada, falsos positivos y demás, encontraremos que estamos en mora de un verdadero movimiento social fuerte y coherente que exija y demande resultados en favor de las colectividades, sumidas en la pobreza y el abandono total.
Además no nos olvidemos, que tal como lo denuncia el Procurador General de la Nación, aproximadamente quinientos mil niños colombianos hoy en día, se encuentran privados de la alimentación escolar, como fruto de la corrupción, y cree, en su infantilismo ideológico que eso se va a solucionar mediante acciones de tutela, como lo advirtió por los medios de comunicación. Y qué vamos a decir del transporte escolar. Otro imperio para la corrupción arropada por la ausencia total de Justicia en éste país.
Y si a todo lo anterior se le suma el hecho de que el precio del café esté por sumas que solo se dieron hace diez años, en tanto que los abonos y elementos esenciales para su producción son altamente costosos, es cuando tenemos que advertir que el pueblo colombiano, tiene serios elementos de juicio para poder levantarse contra la institucionalidad y reclamar un trato digno y justo en ese fenómeno de la democracia participativa y pluralista que se erigió en nuestra Constitución Política.
Aún tengo la esperanza de que los colombianos entiendan que hay elementos de juicio para que en este proceso electoral no nos dejemos burlar, como lo han hecho toda una vida por parte de esos candidatos que están burlándose de las necesidades populares y esperan obtener los votos, como si este proceso fuera un eterno y reiterado proceso
permanente de engaño y de falsedades, como todas aquellas de las que hemos sido víctimas a lo largo de nuestra historia republicana.
Las movilizaciones populares tienen que ser la respuesta a la corrupción a la injusticia, a la criminalidad y a todas las formas de violencia que desde el ejecutivo, el legislativo y el judicial, se vienen patrocinando en contra del pueblo colombiano.
