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Opinión/ Creado el: 2019-09-14 03:20

Movilidad e inteligencia

Escrito por: Álvaro Hernando Cardona González
 | septiembre 14 de 2019

 

Tal vez el título para esta columna sea sobre inmovilidad. Porque la Colombia urbana está detenida. Ni caminando nos desplazamos fácil. Incluso tenemos estos mismos problemas en vías intermunicipales que, entre otras cosas al ingresar a las ciudades y poblados sufren los mismos síntomas de las urbanas propiamente dichas.

Cada día se percibe que moverse por las ciudades colombianas demora más y más los trayectos; lo que se traduce en más tiempo empleado en llegar a los lugares que deseamos, acortar los tiempos laborados o productivos, aumenta la contaminación auditiva y atmosférica,  y produce el aumento de los costos en los bienes y servicios que transamos.

¿El responsable? El Estado salvo en lo que tiene que ver con la aplicación de la educación y cultura ciudadanas traducida especialmente en parqueo en calles, parques y andenes ocupando ilícitamente el espacio público.

El Estado es el mayor responsable decíamos; porque nos cobra por importar vehículos (por permitir ingresarlos al país o para ensamblarlos), por cobrar impuestos altos vía considerar que los vehículos son patrimonio y por rodar los vehículos (el Estado cobra por adquirir, por tener y por usar los vehículos), nos cobra la gasolina más cara e injustificadamente creciente, nos cobra sobre-tasa para dedicarla supuestamente a la infraestructura, nos cobra peajes (es decir doble cobro, una vía sobre-tasa y otra por la infraestructura concesionada), nos cobra por los parqueaderos, en fin…

Pero la mayor casusa por la que el Estado es responsable de la inmovilidad es porque este administra el espacio público, ya que sólo el Estado puede hacer las inversiones de beneficio común en bien de propiedad común, que también pagamos vía impuestos y contribuciones.

La inmovilidad empieza a cobrar factura. Estamos atrasados, nuestra competitividad es muy baja y los costos de producción aumentan de manera ilógica. Que en los años cincuenta del siglo pasado, dijéramos que era más barato llevar un contenedor de Buenaventura a Honk Kong, que de Villavicencio a Buenaventura, se justificaba; ¿pero aún hoy lo es? Creemos que no.

Para este problema acuciante se requiere una pizca de inteligencia: ¿Cómo se resuelve la movilidad en bicicleta cuando no se ha resuelto la vehicular? ¿Cómo obligar a la gente a montar en transporte público, para mejorar la vehicular,  cuando se estimula comprar carros con créditos más baratos que para pagar estudios de los hijos ni se ha optimizado el servicio público? ¿Cómo se imponen “picos y placas” propiciando que los ciudadanos adquieran un segundo vehículo más viejo y más contaminante?

La movilidad urbana exige gobernantes inteligentes ¿los tendremos luego de elecciones?