Mi voto es por Duque
Ha llegado la hora de la verdad para conocer la decisión democrática de los colombianos para elegir el próximo presidente. Esta del domingo 27, es oportunidad crucial que debemos afrontar quienes aún confiamos en la maltrecha institucionalidad republicana. El Estado Social de Derecho consagrado en la Carta del 91 nos permite ejercer el derecho pero también nos impone la obligación ciudadana de escoger libremente a quien habrá de conducir los destinos nacionales por los próximos cuatro años.
El contexto económico, social, institucional y político que ha rodeado el debate electoral constituye un marco de referencia obligatorio para la reflexión final de cada colombiano. La polarización ideológica entre izquierda y derecha ha sido un elemento que genera confusión e incertidumbre.
Tal escenario ha permitido la convocatoria populista del candidato Petro, quien propone un cambio sustancial en el modelo económico y social para implementar el conocido y fracasado esquema . Sus nutridas manifestaciones en plaza pública y su discurso antisistema, ha sido la estrategia con la que ha logrado entusiasmar amplios sectores sociales a quienes les ha vendido la ilusión redentora de ser SU Presidente.
Por otra parte, los candidatos del sistema han tenido que controvertir la postura populista de Petro, con propuestas ideológicas de centro que si bien es cierto ofrecen reformas importantes, han sido claros en mantener el modelo económico e institucional republicano.
No obstante, es posible identificar varias diferencias entre ellos.
Vargas Lleras optó por la estrategia de las maquinarias políticas y el presunto éxito de los programas que como vicepresidente ejecutó desde el gobierno, al tiempo que ofrece mantener incólume el acuerdo de Santos con la FARC. No despegó en las encuestas pero confía en sus maquinarias para pasar a la segunda vuelta. Su frase más paradójica de la campaña fue dirigida a sus congresistas amigos “ se acabó la robadera “, la cual ha sido interpretada en el sentido de una manifiesta confesión de la corruptela que ha imperado en el gobierno Santos por la famosa mermelada.
Fajardo a su turno ha propuesto como bandera de su programa la lucha frontal contra la corrupción y el impulso a la educación; pero no ha logrado generar credibilidad y confianza por sus intervenciones ambiguas con relación a los demás acuciantes problemas nacionales. Su apuesta está en el voto de opinión.
De la Calle ha reiterado su lealtad al cumplimiento del acuerdo de paz y ofrece reducir los amplios márgenes de inequidad social con un gobierno incluyente y de respeto por las minorías. Su mínimo registro en las encuestas no le auguran ninguna posibilidad real en aspirar a pasar a la segunda vuelta.
Duque ha sorprendido por su ascendente y sostenido registro liderando las encuestas. Su desempeño en la plaza pública, en los foros, en los debates de radio y televisión, han demostrado que está bien estructurado para gobernar; su programa es claro y realista frente a las circunstancias actuales del país; su juventud y carisma adobados con el respaldo de la Gran Coalición por Colombia, permiten presumir que obtendrá la mayor votación el domingo e incluso que pueda ser elegido presidente.
Las cábalas y pronósticos electorales están a la orden del día. Para mi gusto, Duque podría obtener entre el 38 y 42 por ciento; Petro
entre el 22 y 26; Vargas entre el 16 y 20; Fajardo entre el 12 y 16; y De la Calle entre el 2.5 y 4, con abstención cercana al 5%.
Votaré por Duque porque creo sinceramente que es la mejor opción y por tanto invito respetuosamente a confiar en su propuesta.
