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Opinión/ Creado el: 2018-02-12 12:40 - Última actualización: 2018-02-12 12:41

Mercado persa de votos

Escrito por: Luis Alfonso Albarracín Palomino
 | febrero 12 de 2018

En la página web de Wilkipedia.com, se encuentra descrita la frase “Mercado Persa”, como el lugar de la calle donde acuden los consumidores para satisfacer una necesidad mediante la compra de algún producto o requieren la prestación de algún servicio, sin que tengan que pagar impuestos, sin colas, ni controles del Estado, permitiendo ejercer libremente el mercadeo libre en el sector informal de la economía. Allí no se reciben cheques, ni tarjetas de crédito y débito, ni existen compras de futuros y del mercado accionario de valores; prima el dinero efectivo para efectuar el intercambio libre de bienes y servicios.

 

Durante los días preliminares al proceso electoral del próximo domingo 11 de marzo, son decisivos para que los aspirantes al Congreso de la República empiecen a definir las estrategias con sus equipos de trabajo, para que la logística funcione como un reloj y se desarrolle de acuerdo con los planes previamente establecidos en la organización electoral. No se puede escapar nada de lo planeado; los expertos manifiestan que el 50% de los votos cautivos se obtienen durante el desarrollo de la campaña y el resto del caudal electoral, se logra el día de las elecciones, teniendo como soporte fundamental la fortaleza organizativa y económica, que se tenga dispuesto para tal fin.

 

Actualmente los costos en que incurren los candidatos a estas Corporaciones Públicas, se han incrementado enormemente porque la competencia es alta, que de acuerdo a los comentarios que se escuchan en la calle, se ha vuelto voz populi entre las comunidades, que el mercadeo persa de votos se ha hecho costumbre en los sectores poblacionales más pobres de los municipios, que esperan con ansiedad la presencia del hombre del maletín que han sido comisionados por algunos aspirantes al Congreso de la República, para ofrecerles dinero por el voto del domingo; ya no importa el discurso, ni el nombre, ni las tesis programáticas planteadas por los mismos; solo importa el valor económico que les ofrecen para comprarles sus conciencias.

 

El ejemplo lo reciben del gobierno nacional al repartirles la mermelada a los parlamentarios para que le garanticen la aprobación de sus iniciativas gubernamentales. Por tal motivo, se ha perdido la decencia moral en los procesos electorales que, en otrora, se destacaban por la primacía de las propuestas programáticas que ofrecían los candidatos que aspiraban a ocupar las curules de las Corporaciones Públicas y no se necesitaba que existieran los compromisos monetarios para cautivar el electorado.  

 


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