Menos marchas más justicia
Colombia marcha constantemente, lo hace por un sin numero de razones, algunas veces por cuestiones totalmente opuestas. Tal es el caso de las marchas a favor del ex presidente Uribe y la promovida por el ex candidato a la presidencia Gustavo Petro, el próximo 7 de Agosto.
Ambas, ni más faltaba, totalmente válidas, pero dejan entrever la carencia de justicia por la que está pasando el país.
Una carencia de Justicia crónica, empañada por situaciones internas de corrupción en las mas altas esferas del poder judicial, que todos conocemos al menos a medias como el cartel de la toga.
Cabe preguntarse, ¿Si esto sucede en los más altos Tribunales, que sucederá en los juzgados de provincia, en las fiscalías locales y demás?
Mucho se habla de pequeños carteles dentro de los circuitos y distritos judiciales, de cómo magistrados se enriquecieron a costa de vender fallos, o crear un sistema exitoso para ganar bienes en los remates programados.
Pero pocas veces pasa algo, la justicia pareciera resguardarse en sus propias cobijas.
Volviendo a las marchas, la relación que existe entre estas, y la falta de Justicia es innegable. Cualquiera, conspirador o no, ha de sospechar de la politización de una Corte, que no sólo da un giro de 180 grados a una investigación, sino que lo hace en tiempo récord y como si se tratara de una orquesta, en tiempos determinados y ante situaciones coyunturales.
Por otro lado, y aunque resulte un poco mezquino hacerlo el día en que se posesionará el nuevo presidente de la República, en un acto con un tufillo de mal perdedor, Petro y sus seguidores convocan esta marcha para protestar contra la muerte de líderes sociales, que ha venido siendo noticia diaria en nuestro país.
Aquí también hay un parte de responsabilidad no sólo de la Justicia, si no de los estamentos de seguridad. ¿Cómo es posible que estos crímenes sigan sucediendo ante la mirada impávida de las autoridades?
A la Justicia le hace falta una inyección de recursos importante, pero no para que los funcionarios judiciales, utilicen este dinero únicamente para subirse el sueldo, y expandir sus primas como suele suceder, si no para acabar con los problemas de congestión y dilación en los procesos tan recurrentes hoy en día.
Es lamentable que un proceso, de por sí sencillo como lo es un ejecutivo de mínima cuantía, se demore dos años en un juzgado, mientras que expedientes enormes, llenos de intríngulis, testigos de dudosa procedencia y pruebas contradictorias, se muevan con una rapidez tal, que parece mas bien afán.
Para retomar la confianza en los estrados judiciales, que se empiece por ahí.
