Magistrados o bandidos
Siempre entendí, que ser juez y especialmente un magistrado, me implicaba, conceptos morales, éticos y la más absoluta transparencia en toda su vida, que debía ser inmaculado frente a la sociedad.
Por Luis Humberto Tovar Trujillo
O las dos cosas. Estamos frente a la bajeza moral más impresionante que se haya conocido, al menos por ahora. Y como se dice comúnmente, faltan datos de otros municipios. Antes se tenía como requisito esencial para acceder a las Altas Cortes, haber sido un ilustre profesional del Derecho, ahora en cambio, ser profesionalmente un bandido, y ser un lagarto profesional, más avezado que un político, para granjearse su confianza y garantizarle la impunidad pagando sentencias.
Siempre entendí, que ser juez y especialmente un magistrado, me implicaba, conceptos morales, éticos y la más absoluta transparencia en toda su vida, que debía ser inmaculado frente a la sociedad.
El gran pecado lo generó quienes incubaron en la constitución, la facultad de elegir funcionarios judiciales e intervenir en ciertas decisiones que implicaban nominación de personas, por parte de funcionarios judiciales, máxime con origen en el congreso y en el ejecutivo.
El mal uso de esa facultad, que abrió la compuerta al delito, utilizando la judicatura para los más bajos menesteres, entre ellos perseguir a quienes destaparon la podredumbre en las Altas Cortes, haciéndolas parte de un mundo bajo, utilizando expresiones que negaron el derecho, llegando a la proclama, de que éste ha dejado de existir, de ahí la anarquía institucional en que nos encontramos.
Expresiones como “el derecho no es obstáculo para la paz”; “Hay que juzgar al uribismo con sentencias políticas no jurídicas”; son la muestra perfecta de la bajeza y ruindad moral; “Vamos a tumbar a Uribe” como dijera otro aparecido en la corte, más por su capacidad de intriga que por sus méritos.
Creo que se les acabó el antiuribismo, a estos personajes que terminaron siendo más delincuentes que a quienes juzgaron y condenaron inocentemente; quedaron desnudos ante la sociedad, y lo que es más grave aún, con el patrocinio del gobierno, sediento de venganza por su ineptitud para gobernar.
Las grandes francachelas, los homenajes con parrandas sin límite, organizadas y pagadas por personajes indeseables con intereses en decisiones judiciales, que involucró, con vergüenza, en su momento a macabros personajes del Huila y con epicentro en Neiva de ingrata recordación; es decir, la vulgarización total de la magistratura y hoy en la trastienda de la sociedad.
Hoy ser expresidente de la Corte, en ciertos personajes, es una vergüenza, antes que una dignidad, dedicados sin vergüenza, más a la farándula que a la judicatura; una peste moral.
