Los líderes sociales
Desde el anterior gobierno, cuando se firmó el Acuerdo Renegociado de Paz, se han venido presentando en el país el asesinato despiadado de algunos defensores de derechos humanos, en diversas regiones del país, donde todavía persisten algunos episodios de violencia. Hay que reconocer el esfuerzo del gobierno nacional y de la guerrilla desmovilizada de las Farc, por terminar la violencia que durante más de cinco décadas causó la muerte de más de 220 mil personas y recuperar la armonía de dichas zonas, que fueron sometidas por actores violentos para el fortalecimiento del narcotráfico. Pero numerosas personas siguen muriendo asesinadas en Colombia, por diversos factores que están colocando en vilo la verdadera reconciliación nacional. Estos están aumentando cada vez más, pero la capacidad institucional del Estado ha sido inferior para contrarrestar este flagelo y las investigaciones sobre las causas no avanzan a buen ritmo.
Lo anterior, se convierte en un panorama desalentador para el papel desarrollado por los líderes sociales. Muchos indicadores de violencia han descendido en el país, pero lo cierto es que muchos de los lugares que las FARC han abandonado, están ahora ocupados por el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la otra guerrilla inmersa que está buscando continuar con un proceso de diálogo con el gobierno y algunas organizaciones criminales que ejercen las actividades de narcotráfico. Las asociaciones defensoras de los derechos humanos apuntan a ésta, como la principal causa del crecimiento de los actos de violencia y homicidios de estos defensores de derechos humanos, quienes se encuentran en una situación crítica en Colombia. Los actos de violencia contra este colectivo se están volviendo algo sistemático.
Son más de 200 líderes asesinados en los dos últimos años, además de cientos de casos de amenazas. Algunos analistas y estudiosos de esta temática dan cuenta de patrones y tendencias que, por más que ya sean conocidos, no dejan de ser muy alarmantes. Nos referimos a los múltiples episodios de territorios en los que valerosos civiles que gozan del reconocimiento y el aprecio de la comunidad, terminan asumiendo roles que deberían ser del Estado, y por tal motivo acaban en la mira del crimen organizado, que siempre ve en el tejido social un obstáculo. Es indispensable que el Estado estructure estrategias concretas para este importante sector de la sociedad colombiana, que con su accionar y sus palabras y la emoción, que éstas transmiten, tienen pleno sustento en una realidad que pide a gritos acciones concretas para protegerlos y que permitan avanzar en la senda de una protección real y efectiva de los líderes.
